miércoles, 16 de abril de 2008

Los esclavos de la Iglesia

Ayer recibí un correo electrónico de una persona cercana. Entre otras cosas, me decía; “…¿Has leído en el Avui de hoy en la p. 26 el artículo de Melcior Comes? Afirma claramente que desea que vuelvan los leones de los tiempos de Nerón… Es triste pero estos artículos, uno, otro y otro, son los que a la larga, como pasó en la guerra civil, fomentan las enemistades, los odios y al final las guerras.”

No había leído el artículo del periódico en catalán subvencionado por la Generalidad de Cataluña, un gobierno nacionalista y socialista del mismo corte que el celebérrimo partido nazi alemán. Pero lo leí al despertarme el interés el comentario del remitente del corrreo. Mientras que leía no daba crédito a lo que tenía delante. El artículo destilaba bilis y demagogia, al más puro estilo panfletario de los propagandistas nazis. Veía en el autor el paradigma del comisario de las SS haciendo inventario, tras una sonrisa de satisfacción, de los judíos gaseados aquel día, o del miliciano de la guerra civil española, haciendo turno para torturar a la monja. No digo que ese tal Comes fuera uno de ellos, pues aunque lo quisiera – que no creo sea el caso aunque lo parezca - no puede ser protagonista de hechos tan lejanos, sino que yo me lo imagino, por lo que leía.

Impresionado por lo que he comentado e invadido del natural escándalo, le contestaba a mi interlocutor:

“…Ese Comes es uno de aquellos, hoy. Los católicos que murieron asesinados lo hicieron a manos de alguien, a manos de personas cargadas de odio como ese fulano. El perfil es el mismo; él odia a los cristianos pero quiere que otro le haga el trabajo sucio. Luego, en la impunidad y establecido el caos, ya pasará a la acción personalmente.

No es difícil revolcar los argumentos de esos miserables, pues el odio y la incultura les ciegan. Ese artículo en concreto me parece panfletario, pero está escrito desde el poder y el autor sabe que todos los medios son de su cuerda, lo que significa que siempre quedará sin réplica. La impunidad del crimen que comentaba líneas atrás…”

No sé si Comes quería despertar esos sentimientos en el lector, pero conmigo lo consiguió, para mi pena.

Hasta aquí lo que sentí cuando leí tanta miseria. Pero la forma de decir las cosas es algo muy personal. Yo mismo he sido duro en las líneas que preceden, aunque la dureza no es la miseria. Fui entonces más allá de las mezquinas formas, para entrar en el fondo.

Esto es lo que dice Comes: “La Iglesia católica alemana acaba de hacer público que durante los años de la Segunda Guerra Mundial tuvo como esclavos a 6.000 hombres y mujeres, la mayoría polacos y rusos. El cardenal Lehmann ha reconocido un documento de más de 700 páginas que recoge este hecho vergonzoso… Las víctimas eran deportadas de estos países o eran prisioneros de guerra, y se les hacía hacer de todo, desde cultivar la tierra y reparar templos hasta enterrar a los muertos en los cementerios cristianos. Un detalle más que pone evidencia el lugar lamentable que siempre acaba ocupando la Iglesia católica” Estas y otras circunstancias, en el mismo tono demagógico e indocumentado, hacen que Comes “…cada vez añore más a los leones, a Trajano y Domiciano y hasta a Nerón corriendo loco entre llamas bajo el cielo de Roma”.

Lo primero que me llamó la atención es que fuera un documento de la propia Iglesia católica. Entré en internet para buscar el documento y ¡nueva sorpresa! el tal Comes ni cita a la iglesia protestante alemana, sino que se queda con la católica. No creo que sea mala fe, sino simple ignorancia.

Transcribo textos del mismo asunto, de varias páginas de noticias, elegidas al azar:

“…Es la primera vez que la Iglesia católica alemana ofrece un estudio pormenorizado, en 700 páginas, sobre la situación de los trabajadores esclavos y de prisioneros de guerra entre 1939 y 1945, que fueron obligados a realizar diversas labores en distintas organizaciones dependientes de la Iglesia… Para el estudio se indagaron, desde el año 2000, múltiples archivos de la iglesia que se encontraban en hospitales, casas parroquiales, asilos de ancianos y de huérfanos y otras dependencias católicas.”

“…el uso de trabajadores forzosos por parte de la Iglesia Católica no fue uniforme ni cubrió todo el territorio alemán y que ni tan siquiera puede considerarse una regla, toda vez que la propia Iglesia se veía acosada y perseguida por el nazismo….”

“…en ese sentido recordó que Heinrich Himmler, el jefe de las temidas SS hitlerianas, ordenó entre 1940 y 1942 confiscar sin indemnización alguna, más de 300 conventos e instituciones religiosas. Más de 10.000 frailes y monjas perdieron esos años sus abadías y conventos y hasta 1943 fueron más de 3.400 los objetos inmobiliarios eclesiásticos que el nazismo confiscó para fines bélicos…”

“…En todo caso, Karl Lehmann, máximo prelado de la Iglesia Católica alemana hasta mediados de febrero y cardenal de Mainz, quiso dejar claro durante la presentación del informe que el número de trabajadores forzados a cargo de la Iglesia fue sólo una fracción de los alrededor de 13 millones de personas que los nazis obligaron a que trabajaran para su régimen, y sus condiciones no eran tan malas ya que no se empleó, como en otros casos, el programa de «aniquilación a través del trabajo»….”¡Caramba Comes!, siendo muy parecido en las palabras, ¡qué distinto es esto a como usted lo plantea! Y si el lector sigue leyendo, verá que esta distancia se hace abismal. Qué razón tenía Don Jacinto al poner en boca de una de sus personajes la observación de la importancia de una letra, hasta el punto de que no es lo mismo decir “aquí descansa el ánima de Pérez”, que decir “aquí descansa el animal de Pérez” ¡La eficacia de una letra!

Por lo pronto, el estudio es una iniciativa de la Iglesia católica alemana, la protagonista del atropello. Y eso le parece a usted mal. Y no le parece mal que el gobierno que le paga a usted a través del diario Avui, se niegue a estudiar la fosas comunes de miles de asesinados por los socialistas y nacionalistas en la guerra civil.

Veamos ahora el escenario; Una nación en guerra, con una Iglesia perseguida y expoliada por el gobierno nazi, en un ambiente en el que recibir un tiro en la nuca o ser gaseado era poco menos que algo a la orden del día. Eso no es la retaguardia de la guerra civil española, en la que grupos de milicianos, muchos de ellos convictos de delitos comunes, se paseaban expoliando casas de católicos o “derechistas”, en absoluta impunidad, y dándoles “el paseo”. ¿Eso es lo que usted añora, Comes, con la metáfora de Nerón? El gobierno nacional socialista que le paga a usted, ya ha dejado claro explícitamente que sí añora esa época.

Tenemos también un protagonista; una parte de la Iglesia católica alemana. No la Iglesia católica, sino una parte de esa Iglesia católica universal, concretamente algunas instituciones de una nación sangrante. ¿Entiende usted, Comes, lo del todo y la parte? No, no es filosofía; se aprendía con Epi y Blas.

El otro protagonista son los prisioneros de guerra y el personal civil obligados a trabajar. En los prisioneros de guerra lo autorizan los acuerdos de Ginebra (concretamente el “Convenio de Ginebra relativo al trato debido a los prisioneros de guerra (Convenio III)”), aunque a cambio de un jornal (“Artículo 62, Los prisioneros de guerra recibirán, directamente de las autoridades detenedoras, una indemnización equitativa por su trabajo, cuyo importe determinarán dichas autoridades, pero que nunca podrá ser inferior a un cuarto de franco suizo por jornada entera de trabajo…”). La población civil no puede ser molestada sin motivo. Estos protagonistas fueron, por parte de la Iglesia católica, el 0,05 por ciento de los prisioneros y civiles en esa situación en Alemania.

Los trabajos que efectuaban no eran “de todo”, como Comes desde la mala intención y la ignorancia nos quiere confundir, sino tareas domésticas o agrícolas, como autorizan los referidos acuerdos de Ginebra (“Artículo 50. Aparte de los trabajos relacionados con la administración, el acondicionamiento o la conservación de su campamento, los prisioneros de guerra no podrán ser obligados a trabajos que no sean de las categorías a continuación enumeradas: a) agricultura… c) transportes y manutención cuyas índole y finalidad no sean militares… e) servicios domésticos; f) servicios públicos cuyas índole y finalidad no sean militares...”)

El uso de “esclavos” es una práctica tan normal como injusta en situaciones de guerra, pero resulta injustificable en instituciones católicas, aunque sea en una sola. Hacer de la Iglesia católica cabeza de turco de esa práctica es una opción torpe, sobre todo cuando viene de un mohecin como Comes, instrumento de un gobierno de la España de hoy, en la que miles de obreros alargan sus jornadas sin cobrar las horas extras, por temor a represalias de la patronal, olvidados de los sindicatos que pastan de la subvención, y olvidados de los inspectores de trabajo, que pastan del presupuesto y de los sobornos. ¿Le añado, Comes, la explotación de inmigrantes permitida por el gobierno que le paga a usted, a través del Avui? Eso, Comes, también es esclavitud, pero sin la justificación de un estado de guerra. Sin duda no será su caso.

¿Cuál es el motivo por el que la Iglesia católica alemana ha realizado este trabajo histórico? Comes no nos lo dice… será que no aparece en las noticias y por eso no se lo explica a sus lectores.

¡Pero no! Ese Comes o es medio ciego (en el sentido de que ve lo que quiere), o es un manipulador.

“…En un nuevo gesto destinado a subsanar los pecados cometidos durante el régimen nazi, la Iglesia católica dio a conocer ayer el resultado de una larga y extensa investigación destinada a esclarecer uno de los capítulos más oscuros de la institución religiosa: el uso de los llamados trabajadores esclavos…”

“…La obra es un "importante pilar en el camino de la labor de reconciliación dirigida también al futuro", dijo Lehmann…”

“…Lehmann destacó que, hasta el final de la búsqueda activa de antiguos trabajadores forzosos al servicio de la Iglesia Católica al término de 2004, fueron localizadas 587 personas en el extranjero, a las que se indemnizó con 1,5 millones de euros. Así mismo declaró que de los fondos de reconciliación de la iglesia han sido destinados hasta ahora 2.71 millones de euros a financiar proyectos de ayuda en los países de origen de los trabajadores forzosos y subrayó en ese sentido la labor de organizaciones como el movimiento Pax Christi, la Obra Maximiliam Kolbe y la Acción Signo de Penitencia. Lehmann afirmó, sin embargo, que "los resultados de los estudios históricos sobre los trabajadores forzosos no nos permiten hacer borrón y cuenta nueva pese al éxito de las labores de indemnización de reconciliación"...”

Es decir, que el Comes nos omite que la Iglesia ha elaborado este documento para pedir perdón por su error, para indemnizar a los trabajadores forzados y ayudar en inversiones sociales a los países de origen de esas personas, en homenaje a los que ya hayan podido en este tiempo. ¿Y eso le da tanto asco a Comes? Quizás porque el gobierno que le paga a través del diario Avui no sólo no pide perdón, sino que añora en el parlamento y a través de voceras como usted, aquellos años de terror genocida contra inocentes, por el único delito de ser católicos.

Por cierto, Comes, lo de Nerón corriendo loco entre llamas es una fantasía suya… ¡a saber lo que estaba usted pensando cuando narraba con tanto lirismo el paroxismo genocida de su añorado dictador! Nerón tenía problemas por su nefasta gestión y buscó un cabeza de turco para distraer al populacho, y los cristianos era lo que tenía más a mano, y además eran pacifistas y no corría riesgos de rebeliones... Dice usted que cada vez lo añora más, es decir, que siempre lo ha añorado, pero ahora más que ayer pero menos que mañana… Cuando llegue la fantasía, ¿que preferirá? ¿mujeres o niños? Hombres ya sé que no, no sea que se les escape un tortazo y le den, no por otra cosa. ¿Y preferirá que se los coman los leones en un divertido espectáculo, o quemarlos vivos?