domingo, 30 de abril de 2017

El independentismo en Cataluña es un proceso de genocidio cultural contra la lengua y cultura milenaria española, promovido por una minoría burguesa catalana, encabezada por delincuentes miserables- los más -  y miserables visionarios -, los menos.

La masa de borregos que les siguen está formada por la gran charnegada que en lugar de hacer méritos para sobresalir, méritos que supongan esfuerzo, optan por coger un trapo que dicen representa a Cataluña y salir a la calle con él enrollado al cuerpo o a modo de capa; una masa de indigentes intelectuales destrozando algo que no es más que un jerga, el barcelonés, pensando que hablan el catalán, que ni a esa discriminación llegan sus débiles mentes.

No son solo esos catalanes los responsables del genocidio cultural.

Lo es también la vergonzosa derecha española, pariente consanguínea de las “élites”  separatistas, que no se conforma con robar a dos manos, sino que venden su cultura por un plato de lentejas.

¿A quién extraña que frente a semejante panoplia de poder, unos gansos como”Podemos” hagan sus gansadas en el lugar en el que debería estar representado el pueblo español?

Calderón, Carlos I, Séneca, Prim,  Velázquez, Bécquer, Miró,… son vejados diariamente por unos y otros robando y ejecutando payasadas insulsas,…pero con un fin claro; llegar al status de robar más.

Iglesias, Rajoy, Pujol,… y prácticamente sin excepción de dirigentes políticos y medios que les adulan –amamantados todos en la misma ubre -, me inspiran la orden de la reina mala y caprichosa del cuento; ¡que les corten la cabeza!


viernes, 24 de marzo de 2017

Más Podemos.

Dinero de sangre. Se puede ser muy simpático. Incluso ingenioso. Y decir cosas que puedan sonar bien en alguna acepción remota, aunque estén montadas a base de palabrotas en lugar de palabras.

Pero, lo que al fin define la verdadera intención de lo que se dice, es la condición moral de quien lo dice.

Y comer, y beber, e ir al cine, y comprar el regalito para la novieta de turno, el día de su cumple, con dinero de sangre, nos da la catadura moral de quien hace todas esas cosas y vive la cotidianeidad, con ese dinero.

En el fondo del discurso del mercenario, siempre encontraremos violencia, chulería, injusticia, cinismo y mentira.


Por eso hemos de ser compresivos con nuestros conciudadanos. No permitir que el rencor nos iguale, pero no dejando por ello de ver el alcance de su verdadera personalidad, y obrar en consecuencia, por elemental prudencia de supervivencia.

lunes, 20 de marzo de 2017

Podemos


No me gusta el partido político Podemos.

No por lo que dicen o hacen. Son jóvenes y a jóvenes idealistas se les puede perdonar algunos excesos, si los hubiera.

Siendo jóvenes – todos lo hemos sido – se les puede ir la mano, en caliente, y abogar por reivindicaciones que pueden parecer descabelladas, pero que en el fondo, buscan justicia.

Una justicia quizás utópica, pero justicia. Para ser realistas, ya estamos los viejos,

No me gustan porque ningún joven bien nacido – entre sus dirigentes hay mucho pijo – aceptaría ser sufragado por dinero que asesina a opositores políticos, que lapida a mujeres, que ahorca a homosexuales.

Sólo una manada de viejos politicastros con el colmillo retorcido, recurrirían a legalismos para justificar lo injustificable; edificar su cotidianidad con dinero de sangre,

Los entiendo en su miseria, pues todos hemos sido miserables en algún instante de nuestras vidas. Pero no me gustan. Porque todavía soy joven de espíritu, y puedo elegir.

domingo, 19 de febrero de 2017




Mi vida ha sido, hasta ahora, lo suficientemente larga, como para que en mi entorno laboral y social me hayan llamado nazi, rojo, facha, y masón…, aunque en realidad  no tengo tanta edad como para haber sido masón, que me suena a cosa del siglo pasado, como poco.

Pero así es la vida y así es la gente.

Naturalmente no soy nazi, ni rojo, ni facha, ni masón.

Por lo menos de carnet, porque todos tenemos cosas y actitudes que pueden responder a alguna intención de los idearios confesables de esas ideologías. ¡Pero de eso a poder ser llamado, tal, hay un mundo. Es como el pecar de intención y el pecar de acción, de ambas formas se peca, pero en la primera parece que hay más remisión.

Por eso, porque no soy más que un observador objetivo y aséptico de mi entorno, me atrevo a opinar sobre el vilipendiado presidente de los EE.UU., desde el exclusivo sentido común, que nace de una mente sin prejuicios la mía. Tan sin prejuicios que a veces incluso me alarma, porque me planteo; ¿estará vacía?

No sé lo que será el presidente de USA (como verás querido lector, domino el inglés), Si sé lo que parece que es.

Parece que no es de izquierdas, porque parece que dice lo que piensa.

Parece que no es de izquierdas, porque es coherente en sus actos con lo que dice que piensa.

Parece que no es de izquierdas, porque la progresía burguesa lo denosta.

Parece que no es de izquierdas, porque no dice, cuando inicia sus discursos, “americanos y americanas”.

Pero, por otro lado, parece un rojo populista perdido, porque quiere levantar un muro como el que fue el de Berlín, o porque ataca sin piedad a la prensa y descalifica despiadadamente a sus enemigos políticos, como lo hace el tal Nicolás Maduro, el padre venezolano de Podemos, (el partido de de moda de ultra izquierda español).

En fin, que ese Trump me tiene desconcertado.


Quizás lo más prudente sea esperar un poco para que el tiempo, el desenmascarador implacable, actúe.