En los años sesenta, había una feroz competencia entre dos marcas de detergentes que todos sabíamos que eran lo mismo.
Omo y Ese.
Omo; lava más blanco, cacareaba la publicidad.
Ese; lava blanco blanquísimo, cantaba una niña.
PP y PSOE me recuerdan a la competencia que había en los años sesenta entre esos dos detergentes.
Se repartían el mismo mercado.
Pero eran lo mismo y todos lo sabíamos, aunque nos hacíamos los tontos.
Al final ganó Omo, lo que es anecdótico.
Lo importante es que ganó el fuerte, el que tenía intereses fuera de España.
En las cajas del detergente de Omo, regalaban unos animalitos, de los que no sé si tuve más, pero si recuerdo un tigre de color calabaza claro.
Son años para añorar.
No por los animalitos ni los detergentes, sino por toda la sociedad, que vivía más acorde con las leyes de la naturaleza.
Eran leyes muy simples e inocentonas.
Las leyes de la oferta y la demanda, en su versión más elenental.
Hoy ya no son simples; primero se manipula el cerebro y luego se aplica la ley en su versión más cruel que el cerebro manipulado ya acepta.
Hoy se aplican las leyes que se ha creado al margen de la realidad natural.
Como Omo y Ese, al fin ganará quién más argumentos y armonía tenga.
O quien menos pudor tenga en utilizar cerebros manipulados.