sábado 4 de julio de 2009

El Estado Católico

Hace unos días leí, en una revista editada por una comunidad católica, un artículo con el título que encabezo éste: “El Estado Católico”.

Es aquella una publicación que leo con interés y con la que habitualmente coincido, pero con la que en ocasiones discrepo en asuntos puntuales, como es el caso.

El artículo en cuestión no dice nada, pues es casi todo él una cita de un texto de León XIII (que no está claro si se refiere a la Epístola apostólica – que no encíclica - Annum ingressi que cita, o a otro documento), y en lo poco que dice, en nada se deduce el título, creando la confusión de que León XIII abogaba por un estado católico.

Como sea que en diversas ocasiones he oído a buenos católicos, defender la necesidad de un estado católico, no puedo dejar de dar mi opinión sobre el tema.

La Encíclica de León XIII, Inscrutabili Dei Consilio (qué también menciona en el artículo de referencia), habla de mucho, pero no puede citarse invocándola como una referencia al estado católico, ni como referencia a la doctrina social de la Iglesia, lo que sí puede decirse de la Carta Encíclica Libertas Praestantissimum (también la menciona), que se puede citar en lo que se refiere a una detallada posición de la Iglesia frente al estado moderno, pero en ningún modo como alegato a un estado católico.

Si tenemos que referirnos al Papa León XIII, en relación a la postura de la Iglesia sobre la democracia y el liberalismo, debemos leer citas como:

“…hemos hablado ya en otras ocasiones, especialmente en la encíclica Immortale Dei…, sobre las llamadas libertades modernas, separando lo que en éstas hay de bueno de lo que en ellas hay de malo. Hemos demostrado al mismo tiempo que todo lo bueno que estas libertades presentan es tan antiguo como la misma verdad, y que la Iglesia lo ha aprobado siempre de buena voluntad y lo ha incorporado siempre a la práctica diaria de su vida.”

Síguese, además, que estas libertades [libertad de pensamiento, de imprenta, de enseñanza, de cultos], si existen causas justas, pueden ser toleradas, pero dentro de ciertos límites para que no degeneren en un insolente desorden. Donde estas libertades estén vigentes, usen de ellas los ciudadanos para el bien, pero piensen acerca de ellas lo mismo que la Iglesia piensa. Una libertad no debe ser considerada legítima más que cuando supone un aumento en la facilidad para vivir según la virtud. Fuera de este caso, nunca.”

Ni está prohibido tampoco en sí mismo preferir para el Estado una forma de gobierno moderada por el elemento democrático, salva siempre la doctrina católica acerca del origen y el ejercicio del poder político. La Iglesia no condena forma alguna de gobierno, con tal que sea apta por sí misma la utilidad de los ciudadanos. Pero exige, de acuerdo con la naturaleza, que cada una de esas formas quede establecida sin lesionar a nadie y, sobre todo, respetando íntegramente los derechos de la Iglesia.”

Tampoco reprende, finalmente, a los que procuran que los Estados vivan de acuerdo con su propia legislación y que los ciudadanos gocen de medios más amplios para aumentar su bienestar.”

Estas enseñanzas, venerables hermanos, que, dictadas por la fe y la razón al mismo tiempo…”

No voy a librar al lector de la lectura obligada de la apasionante y argumentada Encíclica Libertas Praestantissimum, de la que están sacados los textos anteriores, pero sí debo decirle que si León XIII hubiera defendido un estado católico, habría adoptado una actitud intransigente, impropia de la Iglesia Católica. Lo que sí dice, en síntesis, León XIII, es que cualquier forma de gobierno es buena, siempre que respete la ley natural, que es esa ley impresa en el alma de los seres racionales, desde que fueron creados y, por tanto, es una ley anterior a cualquier otra norma humana.

“Fe y razón al mismo tiempo”, porque una va unida a la otra. Así de sencillo y así de complejo. La Iglesia Católica acepta cualquier tipo de gobierno que ayude a progresar integralmente al hombre, en su naturaleza creada de ser superior dotado de razón y libertad.

Pretender unir estado y religión no ha llevado nunca a buen término. ¿Qué mejores muestras que la de los fundamentalismos islámicos actuales, la de la iglesia oficial china o los intentos de asociar la religión al estado, en las dictaduras sudamericanas? Joseph Ratzinger, en “Jesús de Nazaret”, es contundente en su juicio; “la fusión entre fe y poder político siempre tiene un precio: la fe se pone al servicio del poder y debe doblegarse a sus criterios” (p. 65). Ya he traído esta cita al blog en otra ocasión, e insistiré en ella cuantas veces sea preciso. También escribe Benedicto XVI: “El cristianismo no traía un mensaje socio-revolucionario como el de Espartaco que, con luchas cruentas, fracasó. Jesús no era Espartaco, no era un combatiente por una liberación política como Barrabás o Bar-Kokebá.” (“Carta Encíclica Spe Salvi” 4. 30 de noviembre de 2007). ¿Precisa el lector mayor autoridad eclesial?

Defiendo, con convicción argumentada, que no es deseable un Estado Católico, y sí un gobierno – en el formato que sea - que legisle conforme a la ley natural y garantice la libertad de la Iglesia Católica y, sería de nota, reconociera el papel decisivo de la Iglesia, en lo que de bueno tiene hoy la civilización occidental.

jueves 2 de julio de 2009

Separación

No sé si voy a saber llevar a buen término lo que quiero expresar, pero no quiero dejarlo en un intento abortado antes de iniciarlo. Por eso pido al lector que sea paciente.

El asunto que quiero pasar de la meditación al papel, es el de la separación de los esposos, dejando a los hijos desorientados y faltos de un entorno que les es vital, que es el calor del hogar. Es cierto que se puede llegar a la misma situación por la muerte de uno de los cónyuges, pero no es menos cierto que esa fatalidad, aunque también afecta a los hijos, lo hace de otra manera y, aunque deja huella, la deja de otra manera, con menos herida.

En una situación normal, los hijos pequeños, quieren por igual a los dos padres. En su inocencia es donde mejor se plasma el sentido evangélico de la familia, aquel entorno en el que se es querido por uno mismo, no por su circunstancia. Por eso los hijos quieren a los padres, aunque estos sean feos, o pobres o, incluso malos. Para el niño, ese ser privilegiado, especialmente querido por Jesús, la familia es una roca y no le cabe en la cabeza que se pueda disgregar; ¿cómo no pueden estar juntos mi papá y mi mamá, si siempre lo han estado y me quieren? La separación de los esposos es algo incomprensible para el alma inocente del niño y su efecto, deja una dolorosa huella.

El esposo que decide la separación, ve las cosas de otro modo, y el egoísmo prevalece sobre el amor. Es el impuesto de la edad, cuando esa edad ha traído la pérdida de la inocencia, cuando se ha crecido por fuera y no por dentro. En la decisión de la separación no se piensa en los hijos, sino en uno mismo.

El esposo que es víctima de la separación, está en una situación análoga a la de los hijos. No entiende como una persona, a la que ama y por la que con más o menos generosidad ha dado todo - a veces un todo un poco miserable, pues esa es nuestra condición -, puede decidir abandonar la familia, que es el único rincón de paz al que puede aspirar el hombre que no se ha consagrado a Dios.

Creo que el dolor del esposo que sufre la separación, está en función de la niñez de su alma. Así como la “madurez” endurece los sentimientos, la juventud del alma la hace más vulnerable a ese dolor.

Y si esa es la situación, ¿cuál es el consuelo? No estoy seguro, pero lo que me dicta el corazón es que la intensidad del dolor por la familia rota, está en relación directa con la inocencia del alma. Por eso, el niño que sufre de una forma trágica la separación de sus padres y que con el tiempo va atenuando el dolor a medida que su alma se va endureciendo por la vida, se aleja de Dios. Pero cuando el niño se hace adulto y sigue sintiendo el dolor del alejamiento de sus padres, como si fuera una herida abierta y sin curar, entonces, es que ese adulto sigue siendo niño y está cerca de Dios. Sólo así tendrá el privilegio de compensar su inmenso dolor por el abandono de los hombres, por la inmensa alegría del acogimiento por Jesús.

Igual pasa con los esposos. Al margen del juicio de los hombres, frente al juicio de Dios, será el esposo que sufra como un niño por la separación, el que tendrá el privilegio de notar la mano de Jesús que le atrae, como al niño al que pide que dejen que se acerque.

Por eso ese dolor no es malo, porque como cualquier sufrimiento nos acerca a Dios. Pero en este caso, que te dejen que te acerques a Jesús porque estás indefenso, desorientado, como un niño, aunque seas un adulto cargado de miserias, no puede dejar de hacerte sentir querido por Quien tiene capacidad de querer por encima de cualquier sufrimiento.

Es bueno sufrir como un niño cuando se es adulto. Es signo del buen camino. De hecho creo que si algo nos salvará, es aquello que tengamos de niños. Y cuando un adulto sufre como un niño porque el núcleo de la familia se ha roto y, sobre todo, cuando sufre y ya no hay esperanza de recomponerlo en esta vida, cuando eso pasa, no cabe duda de que en lo tangible ya no hay familia, pero el lazo fundamental, el de verdad, es del alma, es tanto más fuerte cuanto más lejos estén los protagonistas. ¿Qué otro consuelo cabría esperar del Jesús que, sentado, espera con la mano tendida y la sonrisa en su rostro, que los niños se acerquen a Él?

Por eso, como el niño que hace pucheros cuando se asusta, pero enseguida sonríe, como solo un niño puede sonreír, cuando ve la cara de sus padres, así debemos reaccionar frente al dolor de vivir una separación; hacer pucheros por el susto, pero sonreír, como solo un niño puede sonreír, cuando vemos la dulce cara de nuestro Padre que nos mira, como solo un Padre puede mirar.

jueves 25 de junio de 2009

Mariam. III.

El lunes 4 de mayo de 2009, publicaba en este blog, el artículo “Mariam. II”, sobre la virginidad de María, la madre de Jesús y sobre la cuestión de si Jesús tenía “hermanos” según entendemos en nuestra cultura.

Uno de los argumentos hacía referencia a una conversación con “un querido misionero claretiano” que “me comentaba que en Guinea Ecuatorial los grupos familiares están muy cohesionados y cuando a un niño le preguntas cuántos hermanos tiene, ha de contarlos, y cuenta o señala a todos los niños del grupo tribal, pues su concepto de grupo no distingue entre hermano carnal, primo hermano o primo segundo…”

El misionero me dice que debo escribir, en lugar de “grupo tribal”, el término “entorno tribal”, que explica mejor el hecho que comentaba de que se nombren “hermanos” todos los niños del mismo entorno familiar, lo que nosotros matizamos como "hermanos", "primos carnales", "primos segundos",… de la otra forma, parecería que se extendía la cuestión a toda la tribu. Queda hecha la matización, que agradezco, pues la precisión es siempre de agradecer.

En la misma conversación, me comenta el misionero otro ejemplo claro de lo que acabo de comentar. Se refiere a un comentario en la Biblia de Jerusalén y hace referencia a una de las lecturas de la Misa de ayer (escribo esto el miércoles, 24 de junio); “Dijo, pues, Abram a Lot:”Que no haya contiendas entre los dos, ni entre mis pastores y los tuyos, pues somos hermanos.” (Gén 13, 8). Teraj tuvo tres hijos, Abram, Najor y Aram (Gén 11, 26) y “…Aram engendró a Lot” (Gén 11, 27). Es decir, Abram era tío de Lot, pero le llama “hermano”.

Con los argumentos que vimos en los artículos precedentes sobre María, se podía llegar a la conclusión de que Jesús era unigénito, pero no quería perder la ocasión de aportar aquella matización y esta nueva razón.

miércoles 24 de junio de 2009

María Valtorta

El 23 de febrero de 2009, publicaba en este blog, un artículo bajo el título “El Poema del Hombre-Dios”, dónde transcribía una opinión del Cardenal Ratzinger, leída en la página http://www.corazones.org/signos_mensajes/valtorta_maria.htm. La referida cita, rezaba: "Las "visiones" y "dictados" referidos en el trabajo “El Poema del Hombre-Dios”, son simplemente la forma literaria utilizada por el autor para narrar en su propia forma la vida de Jesús. No pueden ser consideradas de origen sobrenatural".

Según esta página web, esto lo escribía Cardenal Ratzinger en el documento: “Prot. N. 144/58i, del 17 de abril de 1993”.

Me han cuestionado la exactitud de esa cita, por lo que he querido ir a la fuente para poder contestar con propiedad, y esto ha sido lo que he encontrado en internet:

He buscado el documento “Prot. N. 144/58i”, que aparece en mil citas que se refieren a la obra de María Valtorta, que nos ocupa, pero no he encontrado el texto original – todos los documentos transcriben la misma referencia, probablemente unos copias de otros, como suele ocurrir en internet - , aunque sí parece que he podido completar la cita con esta referencia más completa:

The Congregation for the Doctrine of the Faith's letter of April 17, 1993, Prot. N. 144/58 i

Probablemente en la misma Librería Vaticana se pueda adquirir alguna publicación que agrupe los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y allí encontrar el que nos interesa, si existe. No lo sé y mi interés en este asunto, que considero menor, no llega tan lejos.

Para no acabar aquí, diré que también he encontrado una referencia interesante al respecto en:

http://www.mej.net/downloads/The-Most-Recent-Decision-of-the-Holy-See-Regarding-the-Work-the-Poem-of-the-Man-God.pdf

Por fin, como curiosidad, en la web del Vaticano no aparece María Valtorta más que en la nota número 9, del texto chino que transcribo a continuación:

“3、 聖經描述天主的全能聖言,在起初就開始了與人類的活力對話。對話多次是戲劇性的,但最後終於勝利了。聖言的歷史和人類的歷史纏結在一起,前者甚至是後者的基礎。在大自然和文化中,天主聖言都有跡可循。今天急需幫助天主子民懂清公開啟示與私人啟示之間的關係,以及二者為滋養真實信仰的重要性。[9]

[9] 在二十世紀前半,二戰期間及其後,有一位名叫瑪利亞華多達的意大利女士,將她所見所聞的福音寫成四千多頁的鉅著(根據英文版計算:Maria Valtorta,<>1986五大冊)。全書分七部分:1、隱退生活1-43篇;2、公開生活第一年44-140篇;3、公開生活第二年141-311篇;4、公開生活第三年312-538篇;5、準備受苦受死539-598篇;6、苦難聖死599-611篇;7、光芒萬丈、榮華四射612-647篇。第一部「退隱生活」43篇已譯成中文而於2006年出版。希望餘下部分的中譯陸續問世,以協助天主子民體味福音的信息。” (http://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_20070427_lineamenta-xii-assembly-traditional_zh.html#_ftnref9)

Ahora bien, ese texto debería ser la traducción del que cito a continuación, que aparece en todos los idiomas que relaciona entre corchetes, entre ellos el chino tradicional, del que es un fragmento el de más arriba:

XII Ordinary General Assembly of the Synod of Bishops. Lineamenta "The Word of God in the Life and Mission of the Church" [Arabic, Traditional Chinese, Simplified Chinese, English, French, German, Italian, Latin, Polish, Portuguese, Spanish] (http://www.vatican.va/roman_curia/synod/index.htm)

Sin embargo, el texto en chino tradicional, en nada se parece al que debería ser el mismo texto italiano o español, (http://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_20070427_lineamenta-xii-assembly_sp.html), por lo que hasta que traduzca ese texto chino no sabré que nos dice el documento vaticano sobre María Valtorta, ni por qué a los chinos que leen el chino tradicional se les ofrece un documento, que no parece tener relación – ni en extensión ni en contenido - con el original del que presuntamente ha sido traducido.

La respuesta a la persona que me ha puesto en duda la cita del Cardenal Ratzinger sobre el libro de María Valtorta es que, efectivamente, no le puedo asegurar que el Cardenal, unos días después de que fuera elevado al Orden de los Obispos, escribiera aquella opinión y que lo hiciera en los términos que cito.

No es mucho, pero mi interlocutor se merecía, el que ha resultado estéril ejercicio intelectual de intentar verificar una cita que todos hacen, pero que al parecer nadie conoce. Así es internet y yo, en esta ocasión excepcional, hize lo propio, aunque he intentado desagraviarme con esta nota.

martes 23 de junio de 2009

La Tradición en la Iglesia Católica y los teólogos visionarios

Hace tiempo que leo, en las páginas de internet de información y difusión católicas, un tema que es cada vez más frecuente; teólogos católicos reivindican superar la que consideran anquilosada Tradición de la Iglesia Católica, para “modernizar” la doctrina y “ponerla al día”.

Temas como el celibato en los religiosos, el sacerdocio femenino, la confesión, la liturgia, u otros más escandalosos como el aborto o la Resurrección de Jesús, están en tela de juicio en los argumentos de esos teólogos “progresistas” católicos (no hablo de nuevos teólogos, pues la edad media de esos teólogos que hoy aparecen en aluvión en la palestra, debe rondar los setenta años).

Me permitirá el lector que trate en esta ocasión la figura de la Iglesia Católica, como si fuera cualquier otra sociedad civil, ya que esta situación no implica argumentos de alto nivel, sino que apela al más elemental sentido común.

Primero quiero comentar al lector un argumento general: Cuando alguien quiere destruir algo, apela a lo obsoleto de la tradición. Veamos un par de ejemplos cercanos y significativos:

El presidente español, José Luís Rodríguez, quiere acabar con el Ejército español y construir uno nuevo. Para ello arremete contra la tradición y disuelve, tras 87 años de heroico servicio a España, la II Bandera de la Legión, del Tercio Gran Capitán I…, y crea una cosa nueva, especie de guardia pretoriana con puntillas, que llama Unidad Militar de Emergencias (UME), un cóctel de bomberos, hermanitas de la caridad y mozos de cuerda… en fin, un nada, que soñó “en una noche de insomnio en que la nieve colapsó las carreteras de Burgos, en diciembre de 2004” (“UME: el Ejército que soñó Zapatero”. Miguel Gonzáles. Madrid. 14/09/2007. El País.com). La UME ya no es un ejército, es otra cosa; una “gestapo” a la española, un germen de “tom tom macoutes”, o unas chachas para todo, sin jueves libre. El tiempo dirá.

El mismo Rodríguez, para no irnos más lejos, quiere deshacer España y se dedica a disolver sus partes, renombrando organismos para dejar a la tradición de lado. En esta línea, más de 120 años de prestigio internacional en trabajos de meteorología desde el Instituto Nacional de Meteorología, se desvanecen en la Agencia Estatal de Meteorología. Es un ejemplo de las decenas o cientos de organismos renombrados para anular la tradición y presumir de empezar de cero.

Me podría extender, pero sería aburrido, pues el asunto está claro. Por eso, cuando en la Iglesia Católica encontramos a quien nos habla de lo rancio de la Tradición, debemos rumiarnos: “Ese tío se quiere cargar a la Iglesia”.

Parece que queda claro que la manía de atacar la tradición está en relación directa con la intención de llevarse por delante lo que representa esa tradición. Para completar los ejemplos que ponía más arriba, haré referencia a una posición mía respecto a una tradición muy española; la Fiesta de los toros. Mi deseo sería romper con la tradición de los toros para actualizar su contenido a la modernidad. Para eso propongo dos minucias; que el torero no arriesgue su integridad y que el toro no sea herido ni sacrificado. Me dirá Vd.: “Se está cargando la Fiesta”. Pues sí, es evidente que esa sería mi intención. Acabando con la tradición, acabo con la Fiesta.

Hay pues tradiciones buenas y malas, pero es evidente que ir a reformar el meollo de ellas afecta a lo que queda, dejando algo distinto.

Con ello llegamos al punto de la Iglesia Católica y a esos teólogos que se llaman católicos, que pretenden poner la Tradición de la Iglesia pies para arriba, hasta el punto de pretender crear una nueva religión. Pero, ¿es tan importante la Tradición en la Iglesia Católica, como para hacer semejante afirmación?

Todo aquello que vimos al principio, y mucho más, forma parte de la Tradición de la Iglesia: La Resurrección de Jesús, la perpetua Virginidad de Su Madre, la infalibilidad del Papa, el sacerdocio exclusivo masculino y su celibato, la eficacia de la confesión individual,… La Iglesia Católica, sin su Tradición, sería otra cosa, por lo que atentar contra esa Tradición, es buscar la destrucción de la Iglesia.

Pero, ¿tan inmutable es esa Tradición? Para los católicos sí. Y así debiera ser para sus teólogos, si se quieren llamar católicos. Porque la Tradición no se refiere sólo a asuntos que puedan considerarse menores, como el diseño de los hábitos o los detalles litúrgicos, sino que la “Tradición apostólica de la Iglesia consiste en esta transmisión de los bienes de la salvación, que hace de la comunidad cristiana la actualización permanente, con la fuerza del Espíritu, de la comunión originaria. La Tradición se llama así porque surgió del testimonio de los Apóstoles y de la comunidad de los discípulos en el tiempo de los orígenes, fue recogida por inspiración del Espíritu Santo en los escritos del Nuevo Testamento y en la vida sacramental, en la vida de la fe, y a ella - a esta Tradición, que es toda la realidad siempre actual del don de Jesús - la Iglesia hace referencia continuamente como a su fundamento y a su norma a través de la sucesión ininterrumpida del ministerio apostólico” (Benedicto XVI. Audiencia General. Miércoles 26 de abril de 2006. “La Tradición, comunión en el tiempo”). Si leemos con detalle esta cita y, si es necesario la releemos, tendremos claro qué es la Tradición para el católico.

Uno puede estar de acuerdo o no con el Ejército español, con la Fiesta de los toros o con el Instituto Nacional de Meteorología. Pero es evidente que al acabar con sus tradiciones, se acaba con esas instituciones. En el caso de la Iglesia Católica ocurre lo mismo. Uno puede estar o no de acuerdo con ella, pero al ser la Tradición su esencia, alterar esa Tradición es alterar su esencia y, consecuentemente, crear “otra cosa”, que no es Iglesia Católica. Es legítimo que la Iglesia preserve su esencia de los ataques que se le infieren desde dentro y desde fuera.

¿Y no saben esto, aquellos teólogos católicos, que de forma tan feroz atentan contra la Tradición católica? Mi respuesta es: “¿No lo van a saber”?

¿Y no es lícito que la Iglesia mantenga su postura firme, a pesar de los cantos de sirena de su “modernización”? Es evidente que no sólo es lícito, sino obligado.

Por eso creo que es grande la responsabilidad de los teólogos que se llaman católicos y enseñan contra la Tradición. Eso crea escándalo entre las buenas personas, católicas o no, y el escándalo es un gran pecado. Si un teólogo tiene sus propias ideas, encontrará en el mundo de los cristianos otras tendencias e incluso sectas, en las que podrá acoplar sus ideas o, si no encuentra acomodo en nada establecido, podrá crear su propia religión o secta. Pero eso de “chupar rueda” de una Institución milenaria y prestigiosa, para llamar la atención con agresiones y juegos de mano, no sólo no es ético, sino que es oportunista y profundamente miserable.

domingo 21 de junio de 2009

Renovación de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. 1919-2009

He leído en internet comentarios escandalizándose con la celebración de este aniversario. Parece que ofende semejante acto, cosa que no entiendo, pues para el creyente es un acto de homenaje y aceptación de Jesús y para el no creyente debería ser simplemente una celebración religiosa de una fe que no comparte.

Pero no es así. Parece que esos “no creyentes”, están verdaderamente preocupados porque España se consagre al Sagrado Corazón de Jesús. Esa gente, con una suficiencia digna de la mejor ignorancia, vierte bilis sobre un acto que ni conocen ni entienden, pero en el que dicen no creer. Ya conocemos el epílogo que elementos de esas mismas ideas pusieron al mismo acto, en 1919.

Pretendo no ir más allá de lo que dicta el sentido común. He leído con detenimiento la oración de consagración y de ella entresaco una frase;

“…Concede, Señor, libertad a tu Iglesia; otorga a todos los pueblos y, en particular a España, la paz y la justicia…”

Con este texto ante los ojos, como si fueran estas letras un Jesús presentado ante la turba, vejado y vilipendiado por la mayoría de los medios de comunicación españoles, te pregunto, lector, en mi papel de Pilato:

Quid enim mali fecit?”, “¿Qué mal ha hecho?”

Si no crees, puede no decirte nada la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, incluso puede parecerte un acto inútil... pero el deseo expresado en ese acto es de conciliación y de amor, por lo que, en cualquier caso, “¿qué mal ha hecho?”.

viernes 19 de junio de 2009

¿Quien ha matado al comisario Eduardo Puelles García?

Zapatero ha negociado en secreto - ¿lo sigue haciendo? – con ETA.

La policía vasca – dicen testigos de la propia policía vasca – tenía órdenes de no ocuparse de ETA.

Los terroristas de ETA encarcelados, tienen trato de favor en las cárceles.

Organizaciones relacionadas con ETA, tienen sitio en las instituciones y han sido y son subvencionadas por el gobierno de Zapatero.

El servicio secreto español tiene en su cúpula, desde hace años, a un fulano acusado por sus colaboradores y por la prensa – el gobierno socialista no sabe - de malversación y nepotismo.

Votantes españoles – que saben de qué va el asunto – votan contumazmente esta situación.

Hoy ha muerto en Bilbao, en atentado terrorista de ETA, el comisario Eduardo Puelles García, inspector de la Policía Nacional dedicado a la lucha antiterrorista.

¿Quién ha matado a Eduardo Puelles García?