jueves, 24 de enero de 2008

La mortificación

Cuando se tienen las cosas claras es más fácil meditar sobre ellas, pues lo difícil está hecho.

Nunca había opinado sobre la mortificación porque no entendía que a Jesús le pudiera ser grato el sufrimiento de sus hijos y a la vez veía en la mortificación una violencia física que me chocaba en la doctrina del Amor. Pero me dejaba matices.

Rumiando sobre el asunto, he llegado a la conclusión de que nada tiene de extraño la mortificación física como complemento de la oración espiritual. De hecho, infligirse dolor físico es una práctica cotidiana en la mayor parte de la población, no ya para acompañar una oración a nuestro Creador, sino para acompañar los objetivos más prosaicos. Por ejemplo, sufren algunos estudiantes cuando recurren a los estimulantes para mantenerse despiertos y poder estudiar más horas para aprobar un examen; también sufren algunos trabajadores que prolongan su jornada laboral para mejorar sus economías; sufren la inclemencia del frío o del calor los que hacen cola para alcanzar una entrada para ver jugar a su equipo o escuchar a sus ídolos de la canción; sufren una barbaridad quienes se someten a intervenciones de cirugía estética, simplemente para mejorar la imagen… En otro orden de cosas, sufren voluntaria y conscientemente, a veces hasta morir, quienes escalan montañas, quienes navegan por los océanos, quienes practican deportes… en el mejor de los casos, para superarse físicamente a sí mismos: en muchos casos, por la suprema estupidez de ganar una competición o batir un récord.

¿Y con todo ese sufrimiento por motivos tan materiales -físicos o psicológicos - y al fin intrascendentes, alguien puede negar el valor del sufrimiento cuando la causa es ofrecérselo a Dios? Muy al contrario, si el sufrimiento es una parte consustancial a la actividad humana más banal, ¿no lo va a ser con verdadero motivo en la actividad más sublime, que es la oración? Parece que queda diáfano que la oración adquiere su plenitud cuando va acompañada de sufrimiento en función de nuestras posibilidades, que van desde la pequeña renuncia temporal a pequeñas cosas que nos satisfacen, hasta sacrificios mayores.

No nos engañemos. Para esta sociedad el problema no es infligirse dolor, pues hay infelices que pasan hambre por tener un buen coche ¡y eso se justifica!, sino que el problema es Dios. Se puede sufrir por banalidades, pero no se tolera que se sufra por Él.

Otoño de 2006. Publicado en Meridiano Católico y Catholic.net

San José

He decidido dejarme crecer la barba. No es coquetería – no me favorece y me avejenta – ni moda – la rabiosa actualidad es que los hombres se depilen -, sino testimonio. Me dejaría también las patillas, pero creo que es ese un atributo de los religiosos judíos y no quiero ofender su piedad. Me la afeitaré cuando crea que he dado suficiente testimonio. Me explico.

La Navidad de 2007 estaba en el templo de las Carmelitas Descalzas, frente a una bella imagen de la Sagrada Familia policromada por ellas. Mientras la contemplaba intentaba revivir el momento histórico de la entrañable Familia y colocarme en el lugar de San José, responsable de una mujer que en su belleza y dulzura debía inspirarle una gran ternura y de Jesús, un hermoso Niño que aunque José no alcanzara a comprender la totalidad de su grandeza, sí debía sentir que dentro de aquel cuerpecito había algo que dos mil años de tradición judía no habían osado ni pronunciar; YHVH.

Y al tiempo que aquel pensamiento me inundaba de paz el corazón, me surgió una reivindicación; no es justo que José, un hombre bueno, noble, carismático, fiel, inspirado, valiente y discreto, haya pasado por la historia de forma tan inadvertida. Es cierto que la Iglesia lo ha santificado, pero también es cierto que no es un santo más. De acuerdo que no vale establecer categorías entre los santos, pero mi reivindicación va por ese camino. San José no es un santo más – ningún santo lo es – pero en este caso hay una circunstancia que lo hace semejante en santidad – con la distancia inalcanzable de la maternidad - a la Virgen María; San José fue el responsable del cuidado de la Madre de Jesús, del Jesús bebé y niño y de su educación y cuidado, por lo menos, hasta que Jesús, con doce años, se perdió y fue encontrado en el Templo de Jerusalén.
Como padre, pido que la figura de San José merezca algún trato especial, reconociendo en ese trato especial el papel de todos los padres cristianos.

El pueblo fiel ya reconoce esa diferencia, esa santidad especial de José. Probablemente su imagen es la más representada y la única que está en todos los hogares cristianos, expuesta o guardada, pues pocos serán los que no pongan un belén en su casa cada Navidad. Pero quiero más.

San José fue un hombre noble pues aceptó ser el esposo de María sabiéndola en cinta. Pudo rechazar la inspiración que le reveló la verdad de la situación, pero no lo hizo. ¿Pueden imaginarse el inmenso valor de esa docilidad en aquella época, en la que la mujer adúltera era lapidada por el pueblo? San José renunció a su amor propio, a su cultura rigurosa, a la marginación social… y fue el casto esposo de María Virgen. Pónganse en su lugar, y mediten la situación.

Fue más noble porque siendo esposo de una mujer hermosa y dulce, renunció a su cuerpo para vivir en la tierra la relación mística del cielo. Respecto al día a día, la tradición no nos deja ni un atisbo de escándalo, discusión, enfrentamiento, tensión… durante los años de convivencia del santo matrimonio. No nos debe caber la menor duda de que cualquier desavenencia o desajuste en el matrimonio o en la vida de San José, antes o después de que su figura desapareciese de los escritos santos, hubiera sido explotado por los enemigos de los cristianos, pues no debemos olvidar que el Evangelio de Marcos y muy probablemente los de Mateo y Lucas, son contemporáneos a la vida del entorno de Jesús, de sus amigos y de sus enemigos.

San José fue inspirado por YHVH a través de sus ángeles, en tres ocasiones, que conozcamos. Primero para recibir a la Santísima Virgen María, luego para salvar la vida de su esposa e hijo, y la suya propia. Más tarde, para pedirle su regreso desde Egipto a Israel. Esa relación tan directa con el cielo denota dos cosas. Una, que era el siervo fiel en quien confíaba el Altísimo para proteger a su Hijo. Es esa una prerrogativa excepcional. Otra, que es él el responsable y cabeza de familia, pues a él se le inspira lo que debe hacer cuando Herodes quiere matar a Jesús. María, sumisa, emprende aquellos largos viajes. ¿Podemos imaginarnos la confianza de María para realizar con su retoño, por dos veces, un viaje que aún hoy está repleto de peligros? Si meditamos este extremo, veremos que la confianza en este caso de María en José y de José en el Cielo, no tiene límite.

El papel de José es vital. Cierto que era descendiente de David y debía llevar el valor en los genes, pero aún así aventurarse en un viaje a Egipto, dónde no estaba claro ni el tránsito ni el destino, fue un alarde de valor, y más custodiando a una mujer que debía inspirarle un amor profundo y a un hijo que estaba destinado a ser el Salvador del mundo. El Señor nos ilumina, nos ayuda, nos da la gracia, pero no nos toca la libertad. José podría haber renunciado a toda aquella responsabilidad y haber vivido como un buen judío. Pero no lo hizo y en su libertad asumió desde el principio la responsabilidad del cuidado de su esposa y de su hijo, la Santísima Virgen y Jesús.

El colofón de ese papel privilegiado y principal, fue la discreción. San José hizo su papel con discreción, discreción que veo como humildad y como actuación de quien se sabe un mero instrumento y con eso le basta. Jesús quiso dejarnos una Madre y se hizo acompañar por la Suya al pie de la cruz para testimoniar allí esa voluntad. La humanidad ya tenía Padre, YHVH, por lo que el papel de San José fue tan vital en el hacer, como modesto en el sentir.

Mis padres me nombraron José, como mi padre y como mi abuelo. Y nombré José a mi hijo. Desgraciadamente, no tengo de San José más que el nombre. Pero siendo el Santo tan grande, aún con eso me honro mientras intento emular alguna de sus otras muchas virtudes. San José no es un santo más – ninguno lo es -, fue un elegido por el Señor para colaborar en la Salvación.
Por eso me dejo barba. Para decir a quien me conoce y me pregunta el porqué de tanto pelo tan desabrido, que San José fue un santo especial.

José Cepero. Enero de 2008.

Publicado en Meridiano Católico. Marzo 2008.

Iglesia católica y riqueza

El Vaticano y los curas son ricos. El banco Vaticano es una sociedad de enorme peso financiero dedicada a blanquear dinero procedente de los más inconfesables negocios… Cada vez que sale el tema Iglesia Católica se recurre a esos sambenitos. Me he interesado en el tema y no he encontrado datos sobre esos tópicos, solo divagaciones y lugares comunes sin ningún respaldo documental y, lo que es más importante porque no se puede falsificar, sin ninguna coherencia intelectual.

La riqueza en el Evangelio

No es descubrir ningún secreto ni hablar en metáfora decir que Jesús predicó la pobreza y se manifestó distante de la riqueza. La riqueza material es algo tan peligroso para el alma, que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos (Mt 19,24). Ni es la afirmación más rotunda ni la única que realizó; Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5,3), ¡ay de vosotros los ricos…! ¡ay de vosotros los que ahora estáis hartos…! (Lc 6, 24-25), ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen hacienda! (Mc 10,23), Pues ¿qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si él se pierde y se condena? (Lc 9,23)… Son todas ellas afirmaciones rotundas encomiando la pobreza. Pero la más clara expresión de esta doctrina fue Su vida. No vamos a incidir sobre este asunto evidente.

Quizás sí debemos matizar algo importante. A lo largo de la vida conocemos a personas con más o menos dinero y eso nos permite colocarlas en un estrato social. La cuenta es clara. Pero a veces vemos a personas con dinero que no actúan como ricas, sino que son muy desprendidas. En el extremo opuesto, quizás hemos tenido ocasión de conocer a personas con muy poco, aferradas a ese poco como si fuera muchísimo. Eso nos desconcierta. Pero si recurrimos al Evangelio vemos que en la bienaventuranza que leímos más arriba, hay una matización muy importante; los pobres de espíritu.

Es decir, lo que verdaderamente condiciona la salvación no es poseer mucha riqueza, sino estar apegado a ella, sea mucha o poca. El que tiene difícil el cielo no es el rico, sino el apegado a la riqueza. Ni que decir tiene que la riqueza y el apego a ella tienen una relación muy directa. Pobreza de espíritu; los que compran, como si no poseyesen (1 Cor 7,30), buena es la riqueza en la que no hay pecado, y mala es la pobreza en las bocas de los impíos (Eclo. 13, 30). En el episodio de la conversión de Zaqueo (Lc 19,1 y ss), el rico jefe publicano no deja de ser rico, pero muestra un cambio en su alma desapegándose de su riqueza y ejerciendo la caridad y la justicia. Frente a esa actitud, Jesús le dice; hoy ha venido la salud a tu casa (Lc 19,9). No es la riqueza el problema, es su actitud frente a ella.

Los curas y la riqueza

No he conocido personalmente a muchos curas católicos. Sí he conocido a los suficientes como para hacerme una idea del ambiente. Salvo contadas excepciones – éstas de referencia - los curas que he conocido y conozco tienen dinero – su sueldo, a veces otros ingresos más, incluso propiedades inmobiliarias – pero son pobres, extremadamente pobres.

Me explicaré con casos concretos, pues me resulta más fácil. José María es un cura septuagenario de Valladolid, que dispone de su salario y de propiedades rurales y urbanas fruto de herencia familiar. Trabajo con él desde hace más de diez años. En una ocasión me desplacé a Valladolid para visitar con él unos pueblos de Tierra de Campos y en lugar de venirme a buscar en su coche lo hizo en autobús y luego realizamos los desplazamientos en autocar y en tren, lo que resultó enormemente engorroso por las escasas infraestructuras de transporte público en esa zona. No le pregunté nada y nada me dijo sobre el tema. Después me enteré por tercera persona, que había regalado su coche a un convicto padre de familia que salió de la cárcel y necesitaba un vehículo para su trabajo.

En otra ocasión, el mismo sacerdote me recibió en pleno invierno aguantando el temblequeo del frío pues unos días antes había encontrado a un indigente y le había dado su abrigo. También lo supe por terceros. Hay más, pero dejo a este cura y voy a por otro.

Otro José María, este muy joven, misionero rural en Cuenca. Se gasta su discreto sueldo y su salud en organizar peregrinaciones a lugares santos, en una labor de catequesis sacrificada y valerosa que experimenté personalmente. Me decía su padre, preocupado por las interminables jornadas de entregado trabajo a sus obligaciones litúrgicas y catequísticas, que cuando le dice “José María, te vas a matar”, su hijo le contesta “Lo que tengo que hacer, no importa hacerlo despacio en mucho tiempo o rápido en poco”.

Pilar, la que era una cualificada seglar amiga de mi familia desde principios del siglo pasado, dejó la vida cómoda para seguir su vocación misionera. Ha consumido su vida como monja en un hospital para pobres en la India. Trabajó físicamente por la comida, espiritualmente por amor al prójimo y al Señor. Al vencerle la edad y no soportar las duras condiciones de trabajo, volvió a España para vivir en comunidad, compartiendo pobreza y oración.

Un último ejemplo para no cansar, no por agotamiento de situaciones que conozco de cerca. Hace menos de un lustro hice de intermediario en un asunto profesional entre un sacerdote responsable de unos espacios singulares de uso religioso y un publicista. El publicista deseaba alquilar temporalmente los referidos espacios - que estaban dedicados a catequesis - para unas actuaciones publicitarias, naturalmente de buen tono. Ofreció para ello una muy buena suma de dinero. El sacerdote le dijo “Imposible, necesitamos esas aulas para nuestros catequistas”, “pero es mucho dinero el que le ofrezco” le dijo el publicista, “nuestro cometido es la catequesis, no el negocio inmobiliario”, le concluyó el cura. El publicista se fue sin entender nada, porque su corazón estaba en otras cosas.

Puedo afirmar que las expresiones de pobreza voluntaria y permanente, material y de espíritu, que he visto en sacerdotes y religiosas de la Iglesia Católica no las he visto – ni remotamente - en otras personas.

El Papa y la riqueza

Veo que los papas que he vivido, visten en ocasiones con boato. Pero también veo que esos “adornos” no son suyos. Y veo que ese boato sirve para la liturgia, no para su ocio o deleite. Y veo que los papas mueren sin haber poseído nada y que sus vidas no son envidiables en el sentido que damos a “buena vida”, sino que están llenas de sacrificios, responsabilidades materiales y espirituales, y oración.

Veo que los papas que he vivido son personas de una talla intelectual y humana fuera de lo normal. Que podrían llevar vidas profesionales holgadas o vidas religiosas de oración y meditación sin necesidad del enorme peso que debe ser el sentir la responsabilidad de guiar espiritualmente a más del 17% de la población del Planeta. Y veo que todo ese esfuerzo no tiene ninguna de las recompensas que muchos entienden como tales. La única recompensa del Papa es llevar una vida de sufrimiento por amor a Dios.

No conozco en detalle sus vidas privadas, las de los Papas, pero viendo el celo que ponen los enemigos de la Iglesia Católica en explotar las más inverosímiles mentiras, bastaría el menor error del Santo Padre - aún del género más inocente - para que aquellos lo difundieran hasta la náusea.

La conclusión de cualquier observador de buena fe es que el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica no solamente no es una persona rica, sino que es un ser al que la riqueza no le importa lo más mínimo, si no es para ordenarla hacia el prójimo más humilde.

El Vaticano y la riqueza

No conozco las finanzas del Vaticano, pero tengo sentido común. Y ese sentido común me dice que el Vaticano es un gran museo patrimonio de la humanidad. La Iglesia Católica, propietaria jurídica de ese patrimonio, lo gestiona y preserva, pero no creo que nadie en aquel pequeño Estado se considere rico ni propietario de ese patrimonio por ejercer tal función. Sin ese estatus jurídico el inmenso legado cultural que gestiona la Iglesia Católica, fuera o dentro del Vaticano, no habría llegado al día de hoy con la integridad que lo ha hecho, como nos muestra la evidencia histórica.

Pero ¿y el banco del Vaticano? ¡Es ese un punto vital! ¡Cuánto he oído sobre ese banco misterioso y fatal!

Nada sabía de él, más que las noticias que nos llegan a todos del boca a boca, del panfleto a panfleto. Y como no tengo más recursos que el sentido común, me puse a leer para hacerme una idea sobre ese malvado banco del que todo el mundo opina.

Decepción tras decepción. Busqué en el ranking mundial de bancos en la certeza de que el banco de un Estado con más de mil millones de seguidores, sería el primero o segundo del ranking. Decepción, no aparecía en el ranking de los 20 primeros bancos mundiales. Sí aparecían el “Wells Fargo”, que me sonaba al lejano oeste, o el BBVA, ¡que es de casa! ¡Pues menudo banco es ese del Vaticano, que tiene menos dinero que el de un país tan agobiado como el mío!

Busqué entonces en el ranking por países… a ver, la v de Vaticano. ¡Tampoco! Nueva decepción. El Vaticano no aparece en ese ranking de primeros países con peso bancario.

Instituto para las Obras Religiosas

Por fin me entero que lo del banco del Vaticano es un alias para nombrar al Instituto para las Obras Religiosas. Lo del banco del Vaticano tiene más morbo y suena más a rico. Sin base documental se habla mucho de sus operaciones y la literatura malintencionada se ceba en un episodio que califican de oscuro ¡ocurrido hace más de tres lustros! y que implicaba a ese “banco”. No entro en ese tema pues no lo conozco más que de la lectura de la literatura contraria. Pero intentaré llegar a una conclusión de bulto.

A mi sentido común le desconcierta que el juicio sobre una entidad financiera gire en torno a un solo episodio que hoy es ya historia. A la vista del mal trato que una parte de la prensa da a los asuntos católicos, parece que si existieran tantas irregularidades en semejante institución financiera vaticana, la prensa no pararía de hacer carnaza de ella. Pero no es así.

Y más le asombra a mi sentido común la frase que transcribo de un texto hostil a la Iglesia Católica; "…El banco del Vaticano estuvo implicado en un escándalo político y financiero importante en los años 80, referente al derrumbamiento en 1982 del Banco Ambrosiano con una deuda de 3.500 millones de dólares, del cual el Vaticano era un accionista importante… el entonces secretario de Estado Vaticano, el cardenal Agostino Casaroli, decidió pagar 406 millones de dólares a los bancos acreedores del Ambrosiano en concepto de "contribución voluntaria", al considerar que la Santa Sede tenía ante ellos una responsabilidad mora".

¡Sorprendente! ¡Los curas asumen voluntariamente una carga financiera, por entender que tienen una responsabilidad moral! Pues, ¿qué otra cosa cabría esperar de ellos? ¡Ya querrían los afectados por las quiebras fraudulentas de la Banca Catalana o del Banco Español de Crédito, que sus responsables asumieran con tanta elegancia sus responsabilidades! Banca Catalana, un montaje nacionalista del presidente de la Generalidad catalana Jordi Pujol, dejó sin respiración ni fondos a miles de ciudadanos que depositaron en ese banco su confianza. El Banco Español de Crédito, gestionado por el financiero Mario Conde - creo recordar que presumía de masón - dejó sin sus ahorros a miles de familias humildes.

Pero hay más. ¿Se imaginan que sería de la gestión del estado Vaticano, en manos de cualquiera de los gobiernos democráticos actuales? Los fraudes de los gobiernos socialistas en España, en unos pocos años – es lo que conozco de cerca - han sido tantos y de tal calibre que sólo desbordan en sonrojo al importe de lo robado, a las técnicas utilizadas y al descaro exhibido para llevarlos a cabo. Sólo con la eficaz acción del Espíritu Santo, una organización humana podría mantener la integridad que mantiene la Iglesia Católica formada, en definitiva, por hombres.

Solvente, no rica

Por lo que veo la Iglesia Católica es solvente, es de fiar económicamente, pero no es rica. Posee un gran patrimonio cultural y considerables ingresos económicos que deben de ser cuantiosos en términos absolutos por la generosidad de los católicos y el bien hacer de los administradores de la Iglesia. Pero en términos relativos, esos ingresos quedan en nada al destinarse a atender toda la inmensa red de centros y personas dedicadas a la liturgia, a la beneficencia, a las misiones y a la catequesis. Entre todos esos gastos, los relativos al protocolo del Vaticano no son ni el chocolate del loro.

De nuevo recurriré al ejemplo para mejor explicarme. Del alcance de los gastos de la Iglesia Católica me hice idea en una conversación con un compañero, que había sido misionero seglar en Colombia. Me contaba que su misión era pasar meses perdido en la selva, de poblado en poblado a bordo de una piragua, para enseñar nociones del oficio de carpintero a los jóvenes de los poblados que visitaba. Este misionero seglar perdido en la remota selva colombiana, recibía de su obispado una pequeña asignación económica y la logística necesaria para ejercer su misión. Así, más de cuatro millones de religiosos y seglares en todos los rincones del mundo.

Pero sobre todo la Iglesia Católica, la mayoría de personas dedicadas a ella y millones de sus fieles anónimos, carece de apego a cualquier riqueza que no sea la del alma, como muestran cada día, desde hace dos mil años.

José Cepero. Enero de 2008.

miércoles, 16 de enero de 2008

Cristianismo e izquierda

Cada vez se oye decir a más políticos de izquierda que son cristianos, e incluso católicos, y desde esa afirmación se justifican para atacar a la Iglesia Católica. Las líneas que siguen dan una opinión sobre la incompatibilidad entre la ideología de izquierda y la doctrina cristiana.

El comunismo en el siglo XX

Hay diversos motivos para no reconocer la realidad. Entre ellos, uno es la ignorancia. Otro es el miedo de saber. Un tercero es el interés. Otro es el fanatismo. La ignorancia es mala, pero tiene fácil remedio; aprender. El miedo es más preocupante, pues para acceder al aprendizaje hay que vencer primero una miseria del espíritu. El interés por ignorar la realidad, muestra un trasfondo de egoísmo y mala intención. El fanatismo ciega la razón e impide llegar a la realidad. Así, el ignorante, el cobarde, el malvado y el fanático son modelos habituales de personas que no reconocen la realidad.

¿Por qué digo esto? Porque me asombra la actitud de algunos de mis conciudadanos hacia eso que se conoce como “la izquierda”, término que abarca grupos que van desde los “antiglobalización” a los socialistas, comunistas, anarquistas, maoístas, “okupas” y más. En definitiva, ese entramado que vemos manifestarse juntos – sin llegar a ser multitud a pesar de las subvenciones – gritar juntos y andar juntos. En España esa amplia y difusa aglomeración de ideas se autodefine con el eufemismo de “progresismo izquierdista”, lo que es una paradoja.

Muchos de mis conciudadanos a los que me refiero más arriba, votan “a la izquierda”. ¿Pero cómo alguien puede votar algo tan indefinido y caótico? Antes de contestar voy a recordar unos detalles que quizás ayudaran a encontrar la respuesta.

El pasado siglo XX ha sido muy movido y en él la izquierda se ha caracterizado por ser la protagonista casi exclusiva – excluimos la pálida competencia de los fundamentalismos islámicos asiáticos o africanos - de los genocidios que se han practicado en el Planeta, de manera que detrás de todo genocidio ha habido una ideología de izquierdas. Es más, no ha habido partido de izquierdas en el poder (sería un chiste poner el ejemplo del socialismo sueco) que no haya protagonizado su genocidio. Veamos.

Actuaciones del comunismo en Europa

Iniciado el siglo se desencadenó una revolución en Rusia, la bolchevique, a la que siguió una guerra civil y luego un régimen de represión que duró hasta mediados de la segunda mitad del siglo. Las purgas (eufemismo de matanzas) de sus líderes Lenin (gobernó entre 1917 y 1923, año en que murió de sífilis) y Stalin (entre 1924 y 1953), no sólo contra la población en general sino contra sus propios colaboradores, fueron de tal calibre que hoy son un paradigma. Los bolcheviques diseñaron las checas, lugares donde se aplicaba la tortura sistemática contra todo aquel que deseaban aniquilar. Los torturadores eran a veces chapuzas sanguinarios o verdaderos expertos a los que la práctica habitual había enseñado cómo vejar y aplicar dolor a sus víctimas. Las checas se exportaron a la España de izquierdas durante la guerra civil de 1936-1939. El fin de aquel horror comunista coincidió con los últimos años del siglo y derribado el Telón de Acero, las secuelas de la izquierda son el terrorismo, la corrupción y el hambre.

Próximos a mediados del mismo siglo, apareció en Alemania el nacional-socialismo. Tras la retórica de la imagen se desarrolló la represión en nombre de la izquierda socialista con la capa del nacionalismo. Un partido de seres superiores, alemanes, altos y rubios - paradójicamente liderados por un austriaco bajo y moreno - iniciaron un genocidio de gitanos, judíos, católicos y de todo aquel que por alguna circunstancia era diferente y, consecuentemente, peligroso. La Alemania nacional-socialista fue aliada de la Rusia soviética.

Mientras tanto, en América latina, el comunismo extendió su revolución creando guerrillas armadas por la URSS que asolaron y aún hoy aterrorizan a la población. Un ejemplo paradigmático es la Cuba de Castro - una de las mayores fortunas del mundo, característica ésta común a los líderes comunistas – donde contados y reconocidos hay hoy 45.000 asesinados y dos millones de exilados y donde la población pasa hambre.

En el entretanto, en España la izquierda tomó el poder a partir de un golpe de estado – me refiero al fraude de las elecciones del 36 –creando un ambiente de terror que llevó a la guerra civil. Los historiadores achacan represalias en los dos bandos de la contienda, pero sólo se da en el bando de la izquierda la matanza sistemática de civiles en retaguardia y por razones de ideología o de religión, hasta el punto de que la matanza de católicos a manos de la izquierda compite en ferocidad con las persecuciones del emperador Diocleciano (245-316). En Paracuellos del Jarama un político hoy en activo y jaleado por su izquierda contemporánea, ordenó el genocidio de más de cinco mil inocentes, entre ellos mujeres, ancianos y niños. La revisión histórica de la actuación del gobierno de la República, tan añorado por la izquierda española de hoy, “…ha permitido llegar a la conclusión de la existencia entonces de programas políticos destinados a conseguir la desaparición de la Iglesia de la nueva sociedad española… Las cifras globales de los muertos por el “odium fidei” en la guerra española…fueron, sólo entre el clero y religiosos, de 6.744 personas (Ave María núm. 722. Ag.-Sept. 2006).

Actuaciones del comunismo en Asia

Si miramos hacia el continente asiático y repasamos la actuación del maoísmo en China, ideología tan alabada por la intelectualidad izquierdista española, contaremos 21 millones de asesinados bajo el terror de Mao, aproximadamente la mitad de la población española de hoy. Sólo imaginarlo encoge el corazón... pero las izquierdas lo añoran o lo justifican como “mal necesario”. El maoísta Pol Pot gobernó la actual Camboya entre 1975 y 1979, años en los que liquidó a más dos millones de sus conciudadanos, ¡de una población de ocho millones! Los motivos para hacerse reos de muerte podían ser el tener nociones de inglés o francés, no tener callos en las manos, no tener los dientes amarillos o romper por accidente un vaso de la comuna, lo que era considerado como un atentado a la revolución. Para no gastar balas se solía matar a la víctima a palos. Pol Pot era halagado por parte de la intelectualidad occidental e ignorado su genocidio por la sociedad en general, a pesar de que algunos autores, entre ellos y el más contundente y reconocido fue el sacerdote católico François Ponchaud, de la Iglesia Católica Camboyana, quien denunció la situación en su libro Cambodge, année zéro (Camboya, Año Cero, Julliard, Paris, 1977).

Le Livre noir du communism: Crimes, terreur, represión (publicado en 1998 en español por las editoriales Espasa Calpe y Planeta, ISDN 84-239-8628-4), escrito por profesores universitarios y experimentados investigadores europeos y editado por Stéphane Courtois, director de investigaciones del Centre national de la recherche scientifique, la mayor y más prestigiosa organización pública de investigación de Francia, cifra en más de 100 millones de personas las asesinadas por el comunismo en el mundo. Otros autores dan cifras semejantes. No ha habido izquierda contemporánea que no haya aportado su grano de arena a esta cifra, por acción directa o por la apología de los verdugos.

La izquierda del s. XX y la de hoy

Esa es la evidencia histórica. No hay más que seguir un poco el día a día y buscar fuentes históricas serias para verlo. Y si esa es la realidad, ¿quién puede votar a la izquierda, a esa izquierda de hoy que reivindica la República española, a Mao, a Stalin, o a Castro? Hay quien dice, “el socialismo de hoy no es el de antes”. Pero sí, es la misma izquierda. Incluso sobreviven hoy protagonistas de esa violencia, unos que todavía viven en el crimen, como Castro, u otros que viven de gestionar su pasado, como el de Paracuellos. Y los que por edad no pudieron ser protagonistas, se desahogan homenajeando a esos criminales históricos o contemporáneos. Si no son los mismos, ¿por qué se tienen tan presentes y se añoran con tanta efusión a esos sanguinarios izquierdistas? Si la izquierda se ha demostrado intelectualmente estéril y genocida, ¿quién que no tenga esas vocaciones puede añorarla y desearla? Sin duda el ignorante.

Comunismo y democracia

Que la democracia es una forma de gobierno que no se acomoda a las ideologías de izquierda, es algo evidente. Cuando un gobernante de izquierdas llega al poder, se aferra a él por todos los medios y recurriendo a todas las artimañas. Ya la prensa nos anunció recientemente que el dictador Chávez ha elaborado una ley para que su elección pueda ser vitalicia. En España en algunos lugares, como Andalucía, ya es prácticamente vitalicia, y cuando parecía que podía dejar de serlo en el gobierno de la Nación, la izquierda retomó el poder en unas elecciones presididas por la confusión malintencionada.

El poder revestido de legalidad democrática da a la izquierda una impunidad que le permite seguir ejerciendo su revolución de forma “legal”. Aunque el término suene terrible, es un genocidio la practica del aborto. Con ello la izquierda emula los momentos más dramáticos del estalinismo. Desde el poder, la izquierda practica el genocidio cultural impidiendo que la población su culturice y acceda a conocer sus orígenes, desarrollando en las escuelas asignaturas doctrinales para alienar a la juventud e inventándose una historia inexistente adaptada a sus intereses. Desde el poder la izquierda promueve en la población que gobierna un caos de identidad, pretendiendo transformar al ser humano monógamo, heterosexual, familiar y trascendente en poco menos que un mamífero irracional.

¿Para qué sigue pidiendo la izquierda que vuelva su república o que se instaure el comunismo? ¿le ofrecen esos regímenes más margen de acción democrática? No, lo que ofrecen esos regímenes, como nos muestra su realidad histórica, es la opción del poder absoluto y el recurso de la violencia impune. Lo hemos visto en España recientemente con el escándalo de las clínicas abortistas que destruían en trituradoras a fetos de hasta ocho meses. Sorprendentemente, otras clínicas se han solidarizado con las infractoras y ha realizado la petición pública de que se sobresean sus delitos. En una democracia ese sobreseimiento no es posible, pero en un régimen totalitario de izquierdas sí que lo sería. Ese valor añadido de impunidad en su gestión política es lo que les ofrecen su república y su comunismo a nuestros gobiernos de izquierdas.

Convivencia entre democracia y comunismo

¿Cómo puede convivir la izquierda con una democracia real? Es evidente que de ninguna manera, como la misma izquierda declara reclamando desde la democracia, la dictadura. El nacional socialismo de Hitler llegó al poder desde la democracia, por lo que todas las leyes que desarrolló, incluida la que regulaba el futuro de los judíos, estuvieron legitimadas por la democracia. Y teniéndolo todo le supo a poco. El capricho costó 45 millones de vidas en una guerra mundial.

¿Cómo se puede votar a una ideología que pide el voto para desde el poder destruir el voto? La ignorancia, siempre la ignorancia. No cabe democracia en una actitud que reivindica un pasado de crimen y horror y un presente de muerte con aborto. Ante la evidencia, no cabe la prudencia de …probate spiritus si ex Deo sint… (probad las almas a ver si vienen de Dios) 1 Jn 4,1… No hay duda, no vienen de Dios.

Sin duda sólo puede votar a la izquierda el ignorante o el estúpido.

Cristianismo y comunismo

Hay quien compara el Cristianismo con el comunismo. Parece que eso de pan para todos, trabajo para todos y todos somos iguales, menos los ricos, que son malos, puede parecerse a lo que predicó Jesús de Nazaret.

Nada más lejos de la realidad. Ningún cristiano confundiría ambos conceptos ya que desde su postura – y por descontado desde la más elemental moral natural - la doctrina comunista es aberrante; la pretendida solidaridad comunista no es más que un pacto entre supervivientes, que no tiene más valor que el interés momentáneo de los interesados.

A pesar de todo algunas personas, mirando desde afuera, creen hallar semejanzas. Y no digamos los “cristianos” de izquierdas, que se creen en el origen de los cristianos y así lo expresan sin el menor pudor por evidenciar su tontería. Hablar de un cristiano de izquierdas es como elogiar la sensibilidad de un canto rodado; son mundos incompatibles y nunca un individuo de izquierdas podrá ni de lejos pensar con la trascendencia del cristianismo, lo que ocurre es que su propia limitación le impedirá hacerse cargo de ello.

Parecidos superficiales

En la naturaleza existe algo que explica el parecido de seres que no tienen nada en común. Es lo que los especialistas llaman evolución convergente. Esta se da cuando dos seres se han adaptado a un mismo medio, lo que les ha llevado a parecerse en el aspecto, aunque no tengan parentesco. Para el ignorante son lo mismo, pero para el mínimamente documentado, no tienen nada que ver. Hay muchos ejemplos, uno muy claro es el caso del delfín y el tiburón. El primero es un mamífero con una notable capacidad cerebral. El segundo, un pez arcaico con un cerebro elemental. Se parecen físicamente, pero no tienen nada en común.

Así ocurre con el cristianismo y el comunismo. Salvando las distancias que hay entre lo sublime y lo procaz, ambos se han desarrollado en el mismo “medio”, el hombre, pero el primero es una forma trascendente y milenaria de ver el mundo, con su horizonte en el infinito, mientras que el segundo, incluso en la opción de los teóricos mejor intencionados, es una fórmula elemental en lo espiritual, fugaz en lo temporal y de contenido práctico, social y económico, estéril, como muestra la experiencia histórica.

Moneda falsa

Podríamos recurrir a otra situación de la naturaleza para resolver cualquier pretensión de originalidad de las doctrinas de izquierdas, incluso en los meros enunciados teóricos mas “humanizados”. Se trata de la cripsis o mimetismo. En la naturaleza algunos animales intentan cambiarse de aspecto para confundir a sus posibles predadores o a sus presas potenciales. Es una forma natural de engaño que les permite la supervivencia. Sin la inocencia de los irracionales, la izquierda adopta formas cristianas como la caridad, la banaliza y la renombra como “solidaridad” y ya ha colocado una base para que un individuo - previamente mermado por la propaganda en sus capacidades cognitivas - se crea que militando en la izquierda está cumpliendo los preceptos que hace más de dos mil años predicó Jesús.

Vimos que la muerte es el signo de la izquierda. Triste y desgraciada es la guerra en la que dos contendientes armados se enfrentan entre sí para dirimir algo. Pero los más de 100 millones de inocentes asesinados por la izquierda en el siglo XX, no tienen ni el burdo y precario atenuante de actos de guerra; han sido crímenes de retaguardia y genocidios de inocentes justificados por la revolución. Es obra del diablo en la mente humana hacer creer al cristiano que su fe es compatible con la izquierda; …todos los que se sirvieren de la espada, a espada morirán… Mt 26,52; Habéis oído que se dijo a nuestros mayores: No matarás; el que matare será reo de juicio. Pero yo os digo que todo el que se irrite contra su hermano, será reo de juicio… Mt 5,21-22; Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios Mt 5,9. ¿Cabe más autoridad?

Comunidad cristiana y la comuna socialista

No sólo la muerte en el sentido que le damos aquí separa cristianismo de comunismo, ¿se puede comparar el ambiente de una comuna – expresión máxima de la solidaridad comunista – dónde el recelo, la denuncia, la envidia, la competencia, la concupiscencia, el miedo,… reinan entre sus miembros, con el ambiente de las comunidades cristianas? Leamos lo que era la comunidad cristiana: Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu,… Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar. Hch 2, 44-47.

Mujer y hembra

Y en la actitud de la mujer frente a su vida y a su propia dignidad, ¿qué tiene de semejanza el perfil de la mujer “liberada” sexualmente, “progre”, pro abortista,… de izquierdas, frente al modelo a emular por la mujer cristiana?; …María, la humilde mujer de provincia,… es el “resto santo” de Israel, al que hacían referencia los profetas… En ella está presente la verdadera Sión, la pura, la morada viva de Dios. En ella habita el Señor,…” (de la homilía del Santo Padre Benedicto XVI en el 40 aniversario del Concilio Vaticano II, 8-12-2005, citado en Ave María núm. 719, p. 5. Mayo 2006).

Cristianismo e izquierda

Hay un abismo entre el cristianismo y la izquierda que imposibilita la doble militancia. No en vano todos los gobiernos de izquierda, siempre, han legislado cuando han podido para derribar los pilares de la fe cristiana. ¿A que tanto odio si hubiera un trasfondo común? ¿Alguien ha hablado con más autoridad y firmeza contra los ricos, contra la injusticia, contra la discriminación, contra la violencia... que Jesús? ¿no debería ser pues Él, el líder de una política que se dice defensora del proletario, de la justicia, de la desigualdad y de la paz? Y sin embargo la izquierda persigue al cristianismo con la ferocidad que lo hicieron los paganos romanos.

Sólo una acción causa-efecto ha relacionado al verdugo con el cristiano: Sanguis martyrum, semen christianorum! (La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos) (Tertuliano, Apol., 50,13: CCL 1,171. Citado en la homilía del Santo Padre Juan Pablo II, en la beatificación de los siervos de Dios José Aparicio Sanz y 232 compañeros mártires en España, domingo 11 de marzo de 2001)

Hemos visto datos objetivos que no dejan lugar a dudas sobre la naturaleza violenta y anticristiana de lo que conocemos como “izquierda”, cualquier izquierda. Pero, ¿es esa una actitud coyuntural, adoptada por personas que se desvían de lo que es la esencia de la izquierda? El hecho de que toda izquierda, en todo el mundo, genere violencia, deja fuera de toda duda el que su actitud criminal sea un hecho aislado o subjetivo. Porque esa violencia se fundamenta en el odio hacia el ser humano como persona y, en consecuencia, contra todo aquello que defienda esa condición. El hombre, como criatura creada y amada por Dios, se enfrenta al deseo de la izquierda de transformar al hombre en animal, en un trozo de carne sin más valor que el material; esta es la esencia del odio violento de la izquierda.

Perderte no es una pérdida. Conservarte no es de ninguna utilidad reza el manual de la revolución maoísta de Pol Pot. …Las teorías comunistas, por supuesto, no descansan en ningún redentor de la humanidad… Es lógico que la familia burguesa como institución desaparezca… A los sumo, podría reprocharse a los comunistas, el pretender sustituir la situación actual de la mujer hipócrita y aparentemente recatada, por una colectivización (de la mujer) oficial y abierta … escriben Marx y Engels en El Manifiesto Comunista.

¿Pueden armonizarse estos textos con lo aprendido del Redentor de la humanidad?: Porque así como siendo el cuerpo uno, tiene muchos miembros y todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, son un cuerpo único, así es también Cristo. Porque también todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo, y todos, ya judíos, ya gentiles, ya siervos, ya libres, hemos bebido del mismo Espíritu... Los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios. 1 Cor 12, 12-ss

No nos engañemos, izquierda y cristianismo son incompatibles y el que se dice cristiano que milite o vote a un partido de izquierdas no está sino quedando en evidencia – en el mejor de los casos - de una supina ignorancia.

Sentido común

No me puedo resistir a recordar aquel dicho de que “el sentido común es el menos común de los sentidos”. Veremos que es cierto a medias.

Si se me hiciera definir que es el sentido común se me pondría en un compromiso. Pero me malicio que su definición va por el lado de que es aquella percepción de las cosas que está en la mente de la mayoría, siendo esa mayoría la de todos los hombres desde siempre. Algo así como la forma natural de pensar. Por eso el dicho que he escrito arriba se debe aplicar a sociedades como la nuestra en las que la presión mediática anula esa percepción natural de las cosas, percepción que queda operativa en pocos.

El sentido común no tiene por lo tanto porque verse afectado por el momento histórico y cultural. Cuando se altera, deja de ser sentido común. Por ejemplo, si salimos de casa y está lloviendo, abrimos el paraguas o lo que haga su función (si lo tenemos a mano, claro). Así hace el aborigen en Australia, el pigmeo en África o el caucásico en Francia. Otra acción fuera de ello, carece de sentido… aunque tenga una explicación, por ejemplo la euforia en Cantando bajo la lluvia o el éxtasis porrero del hippie en extinción. Pero incluso con explicación, los protagonistas de esos dos ejemplos actúan con poco sentido común.

Como norma, es bueno guiarse en la vida por el sentido común. Sobre todo, en los momentos de crisis. La anulación de nuestro sentido común por la presión de estereotipos facturados por los poderes fácticos de las sociedades modernas, nos lleva a la anulación de una parte importante de nuestro patrimonio de personas. Eso a lo que muchos se someten alegremente y que llamamos “políticamente correcto” es una apisonadora del sentido común.

El sentido común nos dice que debemos ejercitar nuestro sentido común. Para ello hemos de examinar el mundo de una forma crítica desde una postura intelectual libre, lo que no quiere decir desnuda. Esa visión crítica no tiene porqué ser de una forma pública, aunque sería una actitud encomiable. Me explico. Si es usted un líder del KKK no se trata de que ponga en duda ante sus subordinados la inferioridad de los negros, gitanos, judíos y católicos. De hacerlo, perdería su nómina y quizás la integridad de su esqueleto. Simplemente, el ejercicio de sentido común que le propongo es que en la intimidad se platee ¿de ser inferiores esas gentes, habrían llegado a nuestros días, tendrían concepciones del mundo tan elaboradas? ¿un pueblo que ha destacado durante más de cuatro mil años, puede ser inferior? ¿una religión que ha inspirado a genios y santos, puede ser inferior? ¿son verdaderamente inferiores, o simplemente son distintos? Quizás con el tiempo enriquezca su personalidad descubriendo en esos prójimos facetas apasionantes que vale la pena asumir e incluso, puede ser que decida cambiar de empleo.