jueves, 20 de septiembre de 2012

Wyoming y wyoming


Wyoming en un bonito estado de esa gran nación que son los Estados Unidos de América. Paradójicamente, si buscas Wyoming en el buscador de “google” aparece antes – así me ocurrió a mí – “el gran Wyoming”.

Creí al principio que esa entrada se refería a algún paraje especial del estado de Wyoming. Pero no, “gran Wyoming” es el alias de un individuo que ejerce de presentador en un canal español de televisión que se llama “la Sexta”. Me llamó la atención y vi el programa. Cuento mi impresión.

Vi a un pobre viejo no resignado a envejecer, con el carácter amargado y acompañado de presentadoras jovencitas que le reían sus gracias con arrobo… en ocasiones con demasiado arrobo para la poca gracia que mostraba. Pensé que si sólo les exigía el arrobo, las jovencitas tendrían suerte. ¡Esto de la crisis da muchas facilidades a algunos empleadores!

Me chocó la crítica despiadada y sin fundamento que el “gran” hacía de religiosos, ¡incluso de unas monjitas que hacen un programa de cocina en otro canal no amigo de “la Sexta”! Era algo así como los amigotes que se cruzan con un indigente y encuentran divertido propinarle una paliza.

También vi que se mofaba del general Franco, muerto ya hace varios lustros, al amparo del que cursó sus estudios universitarios cuando la universidad en España era muy barata, de calidad y accesible a todas las clases sociales, no como la universidad que han creado los socialistas, accesible sólo a las élites económicas.

El tal “gran Wyoming” aparecía también con un monigote que representaba al referido general Franco, ninguneando al monigote y burlándose de él, lo que extrañó, pues fue coetáneo del general y no hay señas de que le hiciera entonces tal papelón en público.

Me chocó que habiendo crecido en la abundancia, en el seno de una familia muy favorecida por el franquismo (su padre era farmacéutico, una actividad rentable y administrada muy directamente por el régimen) fuera tan acérrimamente enemigo de la derecha. Pero luego, pensando, recordé a un anciano tío mío, que me prevenía de aquellas personas que, como las heces, siempre flotan.

También me chocó que, siendo sin duda millonario, se mofara de los millonarios, aunque lo hiciera sólo de los de derechas. El pobre “gran Wyoming” debería saber que la riqueza no tiene ideología y que un día, por ese camino, se puede encontrar con un chasco.

En fin, que ese “gran Wyoming” no lo es tanto y nada tiene que ver con el hermoso estado de Wyoming, de los Estados Unidos de América. Aquel es sólo un pobre viejo amargado, con gran capacidad de flotar, que desde su púlpito digital vomita bilis sobre todo aquel que piensa u opina de forma que pueda molestar a sus amos. A veces, incluso, creo que se excede en mostrarles sus gracias.

¿Pero que se puede esperar de alguien que necesita titularse “gran”? Como en el circo.

domingo, 16 de septiembre de 2012

¿Evolución o creacionismo?


¡Que tema tan sobado! Y no suele resumirse. Para el lector común, es una paliza leer sobre esta discusión.

Permíteme lector que reduzca mis argumentos a los elementales del sentido común. Ya te he aburrido con el tema en otros lugares de este blog. Pero primero, a modo de previa, dos líneas para aclarar conceptos:

Evolución no es adaptación; la adaptación es indiscutible, la evolución no. Evolución no es selección natural; la selección natural es indiscutible, la evolución no. Las mutaciones existen, son comunes, pero son aleatorias. Esto también es indiscutible.

Con estas previas, la evolución es indemostrable tal como está planteada. La evolución, tal como está planteada, no cuestiona la existencia de un Creador. Por eso se puede ser cristiano y evolucionista (Darwin lo era), o ateo y evolucionista, o animista y evolucionista... aunque en cualquier caso se es víctima de una teoría oficialista repleta de lagunas científicas.

El creacionismo, opuesto al evolucionismo oficialista, es eso, una mera reacción. No tiene fundamento científico por lo que, desde la perspectiva del cristiano, no debe tener validez como teoría científica, ya que ciencia y fe son independientes. El creacionismo es una intromisión grosera de la fe en la ciencia, tan absurdo como el evolucionismo oficialista que es una intromisión grosera de la ciencia en la fe.

Entonces, ¿evolucionismo o creacionismo? Es evidente que ni lo uno ni lo otro. La ciencia tiene muy buena información en los registros fósiles y en la genética, pero falta ordenarlos, falta información y falta una mente lúcida que armonice todo. Debemos tener paciencia porque, sin ninguna duda, la ciencia explicará el proceso de aparición de las especies sobre el planeta. Y esa explicación científica no estará en absoluto enfrentada a la fe, porque nunca han estado enfrentadas – de forma natural - ciencia y fe; esa armonía es precisamente el sello de calidad de la ciencia.

El origen de las especies es un tema apasionante, hoy todavía sin solución. Es un buen reto para los investigadores jóvenes - y para los que serán investigadores dentro de unos pocos años -, dar con la clave del asunto, que debe estar en la punta de los dedos de la ciencia. El protagonista que de la señal de salida para resolver el problema, deberá estudiar mucho, tener un mente muy bien amueblada y, sobre todo, ser un hombre libre que no se deje sujetar por los presupuestos oficiales que indican el tema que subvencionan y, también en el caso de la evolución, cual ha de ser el resultado de la investigación que subvencionan.

Pd (24.09.2012). Añado una aclaración por si no hubiera quedado claro; el creacionismo pretende que la aparición de nuevas  especies se debe a nuevas creaciones del Creador. Esa es la idea que refuto, por no ser científica, ya que supone una intromisión de la fe en la ciencia. Mi opinión sobre la Creación ya está clara en otros lugares de este blog :


En cuanto a la creación del hombre, no parece razonable que el Creador utilizara un diseño ya en funcionamiento para inspirarle el alma; es razonable pensar que una obra extraordinaria como el hombre, se merecería una estructura nueva, no aprovechar una carcasa "de segunda mano", es decir, utilizar un mono para inspirarle el alma. Esta última afirmación no es científica, pero es de un aplastante sentido común.

Más crisis



Tenemos crisis para rato. Podría no ser así, pero está mal diagnosticada por los poderes políticos. Y algo mal diagnosticado no se cura y, o se hace crónico, o nos mata.

Cualquier persona con entendederas elementales ve que la pretendida crisis económica no es tal. Hay hoy más recursos económicos que nunca. Pero están mal repartidos.

¿Se trata entonces de una crisis social? Sí y no. Sí porque afecta al marco social, las personas y sus relaciones. No, porque esa crisis social no el la causa de lo que sucede, sino el efecto de otra crisis más profundas; la crisis de valores.

No una crisis de valores en general, sino una crisis de valores eficaces. Porque valores los hay; la riqueza está distribuida de la forma en que vemos (cada día más ricos y más pobres y menos clase media) porque priman los valores del egoísmo y del “sálvese quien pueda”, unos valores terribles que dejan en nada al indefenso, que no es el inútil porque los indefensos forman la masa de la sociedad, que sufre y que trabaja cuando le dejan.

Se trata de una crisis de valores altruistas, valores del dar mejor que recibir, valores de amor al prójimo. En fin, esas hoy pretendidas nimiedades que han llevado a la cima de la cultura a la civilización occidental.

El egoísmo patológico de las últimas décadas ha llevado a occidente a la miseria de las relaciones humanas y de esa miseria ha nacido la crisis social y de esa crisis social la crisis económica.

La solución es generalizar la doctrina del dar. En los pequeños entornos sociales dónde la crisis ha hecho menos mella ha sido dónde se ha implantado el amor cristiano; los núcleos familiares o pequeños grupos sociales que han optado por repartir lo que tienen y ayudarse en lo que pueden. No se trata de aludir al colectivismo soviético que tanta sangre y fracaso vertió, sino al amor cristiano, que puede parecerse en la forma pero nada tiene que ver en el fondo. Ya lo hemos tratado en otros lugares de este blog.

Tampoco ha hecho mella la crisis en los banqueros, políticos, sindicalistas y especuladores. Pero es eso otra historia que, sin duda, tendrá un desenlace trágico.

Creo que debemos meditar sobre ello. Ahora, con el paro, hay más tiempo para pensar y más ocasiones para ayudar a nuestro semejante. 

lunes, 11 de junio de 2012

Los católicos y sus imágenes.



Voy a comentar hoy sobre esa piedad que tienen los católicos, tan denodada por algunos, de ser devotos de imágenes de santos y vírgenes. Personas sin cultura religiosa, por descontado los protestantes - ¡no hablo de los musulmanes! - e incluso algunos católicos han puesto de manifiesto esa costumbre “absurda” e “irreverente” propia de los católicos (he leído en un afamado blog católico el alegato de un católico que se dice ”de pro” contra esa práctica).

¿Es una tontería eso de venerar imágenes? Yo tengo mi opinión, que daré luego, pero ya anticipo que creo que esa polémica es absurda e indica la falta de sentido común que padecen muchas personas. Déjame, lector, que haga una previa.

Cuenta la historia, que hace alrededor de trescientos años, un humilde monje carmelita barría una estancia del convento, inundado de santa alegría por el servicio que estaba prestando al Señor. En el trajín, le sacó de su ensimismamiento la presencia de un jovencito:

- ¿Quién eres tú? – le preguntó el fraile sorprendido.

En niño le contestó con una pregunta:

- Tú eres un fraile, ¿verdad?
- Sí, claro – le contestó desconcertado el carmelita.
- Y como fraile, sabrás rezar el Ave María.
- Desde luego, sé rezar esa oración.
- Pues rézala para que te oiga – le pidió el dulce jovencito de ojos azules.

Y el carmelita, sin planteárselo, rezó:

- “Dios de salve María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús”...

En ese momento el niño, con voz suave, le dijo:

- Ese soy yo.

En ese instante, el carmelita dejó de ver al niño. Y reaccionó modelando en cera la imagen del Niño que se había grabada en su cabeza. La Historia bautizó a esa imagen como “El Niño Jesús de Praga”, por la localidad en que se conoció y es muy socorrido por los numerosos y asombrosos milagros que se le reconocen.

El principio de la historia de esta imagen no es fácil de encontrar en los textos de divulgación, pero sí los muchos milagros que se le atribuyen a Jesús bajo esa advocación y otras circunstancias históricas sorprendentes. Todo esto puedes creerlo, lector, o no. Incluso si eres católico puedes no creerlo, pues la Iglesia te deja libertad para creer en apariciones y milagros.

Y vamos ahora al tema que nos ocupa. El fraile carmelita, impresionado por lo que vio, quiso guardarlo en su memoria y reproducirlo; e intentó plasmar en cera la imagen de la forma más fiel posible. Si hubiera podido fotografiar al Niño, lo habría hecho, pero entonces no existían esos recursos y, de existir, él era un carmelita pobre y no los hubiera tenido a su alcance.

¿No ocurriría lo mismo a los testigos de las apariciones de la “Señora” en Lourdes? Tras ver los hechos sorprendentes que rodearon a la jovencita Bernadette en las apariciones de la Virgen, ¿no es razonable que se intentara plasmar a la responsable de tanta maravilla en una imagen para mantener su recuerdo?

La respuesta no es más que sí, que las imágenes no son más que “recordatorios” de personas o circunstancias que se quieren recordar, tener presentes. Y eso es de lo más normal, humano y extendido y, desde luego, nada censurable. ¿Quién no se viene de un viaje cargado de fotografías que luego clasifica, ordena, rotula coloca en álbumes y, las más preciadas, amplia y enmarca? Y lo que hace todo mortal con sus recuerdos triviales de un viaje turístico, ¿no es razonable que lo haga un católico con las imágenes de las personas que han destacado por su bondad?

El turista enmarca su foto preferida, y la enseña a sus amigos, y la contempla recordando el momento que le inspiró la fotografía, en fin, se recrea espiritualmente con ella. ¿No ha de hacer lo mismo un católico con una persona reconocida por la Iglesia como de vida heroica y ejemplar, o del mismo Jesús y de su madre la Virgen María?

Pues esos son las imágenes. Se adora a Jesús representado artísticamente en imágenes y se venera a la Virgen y los santos representados en sus imágenes. No se adora y venera a unas estatuas o a unos cromos, porque sería estúpido y, además, está gravemente prohibido por una tradición bíblica de cinco mil años. No. Quien así lo hiciera sería un chalado, antes pagano. ¿Alguien se cree que la foto de la casita suiza que tomó en su último viaje, es realmente una casita suiza? No, claro; le evoca un momento de su viaje, pero no es su viaje. Es más, si verdaderamente los católicos consideraran esos objetos materiales como parte de su fe, la manera de acabar con el catolicismo sería destruir sus imágenes, pues se destruiría su fe. Sin embargo está contrastada empíricamente la infructífera acción tenaz de los iconoclastas; y que los católicos sobreviven perfectamente sin imágenes; y que es “tradición” católica esperar el martirio en celdas abyectas, sin imágenes. Es decir, aún sin imágenes hay fe católica y hay católicos.

La devoción católica a las imágenes es algo natural, consustancial a la sensibilidad humana y un sentimiento que ponen en práctica muchísimas personas, día a día frente a escenas intrascendentes o no; quien no ha sentido aflorar a sus ojos las lágrimas al mirar la foto de sus padres, fallecidos tiempo ha, no es una persona normal. Y en ese trance, ¿está llorando por un trozo de cartulina?… no, lo hace porque al estímulo del recuerdo siente revivir su amor a unos seres allí representados.

Lo triste es cuando alguien no tiene qué recordar, o se avergüenza de sus recuerdos.

jueves, 17 de mayo de 2012

Curas rojos




Siempre me ha llamado la atención la tendencia de buenas personas e incluso de buenos sacerdotes, a inclinarse hacia formas de pensamiento de izquierda. No ya a acercarse a la teología de la liberación, que sería una postura extremista - incluso diría que herética – sino a fórmulas más edulcoradas - aunque en el fondo totalitarias y violentas - como pueda ser el socialismo español.

No podemos olvidar que un enclave importante de la oposición al franquismo estaba enraizado en la Iglesia Católica. De hecho, ahí estaba la única oposición valiente – y desde mi punto de vista equivocada aunque bien intencionada – al régimen del general Franco.

Mi primera reflexión es: ¿Por qué atrae tanto la izquierda a los católicos? Y una segunda reflexión, que dejo al lector porque yo no la trataré aquí, sería: ¿Ocurre lo mismo con los protestantes?

 Respecto a esto último, solo quiero decir que si yo fuera César Vidal diría que no, que la izquierda violenta y totalitaria sólo atrae a los católicos vagos e incultos, no a los eruditos protestantes, aunque sea cierto que la masonería, que dirige al socialismo, tenga buen asiento en el mundo protestante. Sin embargo, para bien de ambos, no soy César Vidal.

Ese mimetismo de las ideologías de izquierda con la Iglesia Católica ha confundido a personas de buena fe, incluso a religiosos, que se han apuntado a la doctrina socialista pensando que es lo que parece. Pero nada más lejos de la realidad.

El socialismo carece de valores trascendentes y la única forma de que un empresario no explote al obrero, de que un político no se corrompa o de que una sociedad viva en armonía, es la prevalencia de esos valores. ¿Cómo voy a respetar al obrero, al ciudadano o a mí mismo, si no tengo la convicción de que ese obrero, ese ciudadano y yo mismo, tenemos la misma dignidad, que transciende a esta vida?

Porque es evidente a los ojos del mundo, que un empresario de éxito es más listo y mejor inversión que un infeliz limpiabotas; sólo puede haber firme convicción de respeto al débil cuando esa visión mundana se tenga como secundaria e intrascendente y prevalezca la trascendente de igual dignidad al margen de las capacidades materiales o intelectuales.

Todos los hombres nos regimos por valores. Cuáles son esos valores?

Nos los dicta la razón y el estudio objetivo de la historia del hombre. Son los valores que rigen de forma ancestral el comportamiento humano, la ley natural, esa ley que nos dicta, sin que nos lo digan, que matar no está bien, ni lo está el robar ni el fornicar. ¿Qué muchos han matado, robado y fornicado?, sí, efectivamente, pero sabían que obraban mal.

Esa conciencia de la ley natural ha producido la civilización occidental de la que todos presumimos. Cuando esa conciencia falta, la sociedad se sume en el caos, porque la represión no basta para acabar con el asesino, hace falta que todos, asesinos que somos en potencia, tengamos conciencia de la maldad de la violencia.

Un ejemplo que hemos vivido fue la doctrina del “pelotazo” que el socialista Felipe González impuso durante casi tres décadas en la sociedad española; la sustitución del beneficio como fruto del trabajo tenaz y honrado por el enriquecimiento rápido (lo que se bautizó como “pelotazo”), fruto de la corrupción y del abuso. Esa pérdida del sentido natural del trabajo por el intrascendente y antinatural del “pelotazo”, fue el origen último de la crisis que sufrimos hoy.

Si el lector quiere otro ejemplo gráfico, le he traído a la cabecera de este artículo un montaje que he preparado con tres carteles de la izquierda española del 36, la que con tanta añoranza reivindica la izquierda actual.

Esa izquierda, la misma de hoy, que con tanta pasión llamaba entonces a proteger a los infantes – podría ser la propaganda de una parroquia de hoy o la cabecera de una manifestación antiabortista de Arsuaga o Arnal – es la que encabeza el genocidio abortista de la España contemporánea y la que quiere que la legalidad de matar se extienda a los primeros días después del nacimiento.

Si yo fuera ciegamente de izquierdas, temblaría de emoción al ver los instintos maternales de mi izquierda. Pero como no estoy ciego, no soy de izquierdas, y veo que esos sentimientos son sólo tramoya, que no están respaldados por una convicción cierta y con fundamento, como deja en evidencia la realidad.

Desgraciadamente, hay mucha buena gente ciega.

Cuando hablo de estos valores, no hablo sólo de catolicismo. 

Cualquiera con un mínimo de cultura verá que van más allá en el espacio y en el tiempo. Hablo de unos presupuestos que han regulado la vida del ser humano desde su origen, dando lugar hace cuatro mil años al nacimiento de nuestra civilización; valores que tras un  largo y venturoso camino nos han guiado a una sociedad como la de hoy. 

El arte, la ciencia, la tecnología, la legislación,… ¡las leyes que regulan la guerra!, ¿algo más contradictorio?,… todo se ha construido y se ha humanizado (¡incluso la guerra!) gracias a la moral que dicta la ley natural, que es al fin un mensaje de trascendencia.

El socialismo es lo contrario; ataca esos principios - niega la ley natural y su evidencia en la vida del hombre - y quiere legislar sin ellos.

El resultado es que ha sido la ideología que ha provocado el mayor genocidio de la humanidad, cien millones de muertos en siglo y poco, y todavía sufren sus secuelas las sociedades que han estado dominadas por esa ideología.

Rusia no ha salido todavía del caos y su sociedad está destrozada; el lejano oriente busca desorientado sus valores tradicionales destruidos por el comunismo, que sólo le ofrece como alternativa una cruel estructura de mercados para los menos y la represión para los más; los países del Este europeo, no paran de sangrar al día de hoy...

El socialismo no ha creado civilización, sólo ha destruido la que había donde ha llegado, para sustituirlo por represión.

La historia nos muestra como ha sido el mundo con aquellos valores de la ley natural y vemos horrorizados como puede ser el mundo sin ellos (detallo esto en “Cristianismo e izquierda”, 16 de enero de 2008).

En nuestros días, la corrupta política española, compite para ver que partido redacta más “códigos de buena conducta”, sin conseguir nada; los políticos siguen robando. Se instauran mecanismos para impedir la corrupción fuera de los estamentos del poder, donde ya está institucionalizada, pero no se consigue nada; la injusticia social va a más. ¿Cómo se va a conseguir nada, si el único limitador de la maldad está en los valores que ellos niegan? Cualquier mente represora tienen una mente que elude esa represión; sólo la conciencia recata al ladrón.

Los valores son presuntamente los mismos en el socialismo y en el catolicismo. Solo hay un matiz contundente, la trascendencia. La justicia, la libertad, la solidaridad socialistas tienen su raíz en el barro. La justicia, la libertad, la solidaridad católicas, tienen su raíz en la trascendencia; se nombran igual, pero son distintos y causan efectos distintos. Hay que ver más allá de la machacona propaganda del poder para no dejarse engañar por tan burdas apariencias.

Permítame el lector que dé autoridad a mi escrito, con la siguiente cita: “El tercer mal al que tenemos que encontrar remedio se manifiesta especialmente en los hombres de nuestro tiempo. En efecto, los hombres de la antigüedad, incluso cuando buscaban con pasión excesiva las cosas terrenales, no despreciaban las cosas del cielo; antes, los más sabios entre los propios paganos, enseñaban que nuestra vida es un lugar de hospedaje y de tránsito, no una morada fija y definitiva”. León XIII Carta encíclica Sanctae laetitiæ, Roma, 8 de septiembre de 1893, núm. 13 (traducción del autor a partir del original portugués editado por Libreria Editrice Vaticana. Se corresponde con el núm. 11 de la versión inglesa, editada por la misma Libreria).




sábado, 12 de mayo de 2012

Vuelta a empezar.

    
He estado consultando la audiencia del blog y creo que más que finalizarlo (como anunciaba en una entrada que suprimí hace unos días), lo que debo hacer es orientarlo de otra forma. Siendo poco los lectores, son constantes y los suficientes como para que me sienta obligado a seguir, aunque no quiero continuar como antes.


La verdad es que me aburría seguir la actualidad, pues es un ejercicio estéril; imagínate, lector, que estás con otra persona viendo como unos críos juegan en el parque. Los pitufos, en sus juegos, se van dando y dices a tu acompañante; "se van a hacer daño". Al fin, se hacen daño.


- ¿Ves?, ya te lo decía. Se van a hacer daño.


Y siguen jugando. A lo bestia. Y le vuelves a decir a tu acompañante; se van a volver a hacer daño. Y se lo vuelven a hacer.


- ¿Ves?, ¡otra vez! Ya te lo dije.


Si sigues, a la tercera, es tu acompañante el que te va a dar un bufido y te va a enviar a la porra. Esto era este blog en lo que se refiere a las noticias no, desde luego, en los asuntos de fondo. Me consuela el que la sociedad mediática española es peor. Unos y otros, derechas e izquierdas. Todos son augures de todo; al fin ocurrirá algo y todos tendrán razón. Es un juego a ganar.


Quiero desvincularme de la actualidad. Y seguir escribiendo en la línea de pensamiento que tanto me ha distanciado de católicos, protestantes, musulmanes, machistas, feministas, derechas e izquierdas.  Parece mentira que ser congruente con tus ideas y con el sentido común te aleje tanto de tantos. Pero creo que los lectores, los que queden, lo agradecerán.


He vuelto a modificar la imagen del blog, pero esta vez conservando los tonos originales y oscureciendo el fondo para hacer la lectura más fácil. Con esta plantilla Google ofrece más y más cómodas opciones que pueden resultarme mejor en el futuro.


En fin, ya sólo me queda decir hola.

viernes, 9 de marzo de 2012

Rajoy, los socialista y la crisis.

Canal Sur emite una imagen de Rajoy al informar de pederastia”, leo en la prensa digital.

Eso es lo que se puede esperar de los socialistas españoles. Ese es su talante y esos son sus métodos, cuando no pueden ejecutar de otras formas las consignas de su fundador, el criminal Pablo Iglesias, responsable directo de un millón de muertos españoles (ruego al lector que incluya en este juicio al sector socialista que lleva la voz cantante; no dudo que pueda haber socialistas honorables y excelentes personas, probablemente hartos del socialismo que se da a conocer, aunque no conozco a ninguno personalmente).

Mi opinión de Rajoy ya ha quedado plasmada en otras intervenciones de este blog. Pero, desde luego, nunca se me ocurriría compararlo con un socialista, pues no se merece semejante vejación.

Tal como comentaba más arriba, Rajoy tiene enfrente a unos verdaderos desalmados. Aceptando por evidente que la corrupción campa a sus aires por la clase política de todo signo, no es justo equiparar la del PP y la del PSOE, pues sus circunstancias son distintas; en el PSOE la corrupción es mayor porque ha estado más tiempo en el poder y porque tienen menos escrúpulos, menos ética, como ellos mismos presumen. La derecha está más sujeta a “prejuicios” morales, por lo que la corrupción se difunde con menos rapidez… y no han tenido el tiempo necesario para alcanzar el nivel de la del PSOE; la corrupción del PSOE se difunde con más rapidez y ha tenido más tiempo.

Pero el hecho de que Rajoy sufra las iniquidades de esa gentuza, a mi parecer no lo hace bueno. Creo que lleva las medidas de recorte demasiado lejos y que hay algo que no cuadra en toda esta política de austeridad.

Empecemos analizando por encima, quienes están perjudicados por la crisis y por los recortes y quienes no lo están.

Están perjudicados por la crisis; una buena porción de la población “llana” (las familias más modestas) y buena parte de la clase media.

No están perjudicadas por la crisis; las familias más pudientes, el funcionariado (incluidos los jueces), la banca y la clase política.

Ya es un dato importante.

Están ya perjudicados por los recortes; una buena porción de la población “llana” (las familias más modestas) y buena parte de la clase media, que son los que utilizan la sanidad pública, la educación pública, las que se ven más afectadas por la subida de los impuestos…

No están ni estarán perjudicados por los recortes; las familias más pudientes, el funcionariado (incluidos los jueces), la banca y la clase política, que son los que utilizan sanidad privada, educación privada y los que por su nivel de ingresos y capacidad de evasión, menos notan la subida de los impuestos.

Es decir, que los que no son responsables directos de la crisis (sí son responsables indirectos aquellos que votaron y votan socialista), son los que deben soportar las consecuencias de la incompetencia y corrupción de la parte de la sociedad que provocó la crisis y que es a quien menos afecta la crisis que ellos mismos provocaron.

El peso de la corrupción y de la incompetencia cae, como siempre, sobre los más inocentes y débiles, y deja impune a los responsables.

Por eso, si la responsabilidad de salir de la crisis fuera mía, la pauta que seguiría y las medidas que tomaría (ya las esbocé de manera un tanto informal en un artículo pasado (“La solución de la crisis en España”, jueves, 22 de diciembre de 2011) serían:

1. En lugar de no levantar alfombras como promete el PP, las levantaría y llevaría a los tribunales a los responsables de la corrupción multimillonaria, hasta dónde alcance la prescripción, encarcelando a los políticos, jueces y empresarios corruptos, incluidos los banqueros, y embargándoles los bienes necesarios para cubrir sus deudas.

2. Suprimiría de un plumazo las empresas públicas, nacidas en su inmensa mayoría para eludir el control presupuestario al que está sujeto el dinero público en la Administración.

3. Suprimiría de un plumazo los cientos de miles de empleados públicos llegados con la coyuntura, dejando en la administración tan sólo a los funcionarios ,a los que exigiría productividad. Los funcionarios son en su mayoría capaces, pero irresponsables si no tienen una jerarquía clara y competente.

4. Suprimiría de un plumazo las subvenciones, dejando situaciones excepcionales. La ayuda al tercer mundo la canalizaría a través de entidades privadas de reconocido prestigio.

5. Haría lo que dice que va a hacer Rajoy con las autonomías; suprimir las duplicidades de funciones. Y además limitaría los ingresos de los políticos (un sólo sueldo por persona y el límite debe incluir las dietas que muchos políticos se procuran y que son tanto o mayores que los sueldos que cobran).

Con estas medidas, llevadas a rajatabla, no harían falta recortes en educación y sanidad si a la vez se pone disciplina en los trabajadores de esos sectores. Hace doscientos años ya se decía que el ideal en España era “tener el sueldo de un político, el trabajo de un cura y la jornada laboral de un maestro”, ¿les suena?

Con esas medidas, quizás incluso se podría invertir más en sanidad y educación.

Y me falta un elemento imprescindible. Derecha, izquierda y centro no paran de apelar a “controles presupuestarios más rigurosos”, a una mejor gestión, de redactar “códigos éticos,… Milongas.

Ningún control puede controlar la picaresca humana. El paradigma fue la Unión Soviética. Sólo unos valores en armonía con nuestra nauraleza, pueden encauzar el comportamiento de una forma constructiva. Sin los valores adecuados, los comisarios políticos pierden el tiempo y se corrompen. Quien no sea ciego, verá a que nos ha llevado aquella filosofía del “pelotazo” que Felipe González trajo a nuestra sociedad de la mano del socialismo y que ha llegado a destruirla como lo ha hecho. Al principio lo de “el pelotazo” desconcertó a una sociedad española trabajadora y honrada, pero gracias al éxito basado en la impunidad, el socialismo triunfó degradándola hasta lo que es hoy.

Aquel socialismo destrozó el sentido del trabajo y del esfuerzo de la generación de la guerra y trajo los valores del relativismo que hacen mejor al más “listo”, entendiendo por listo lo más alejado al sentido social de las cosas. Y los más “listos” eran los que tenían menos escrúpulos y menos sentido social y de esfuerzo, que se alinearon bajo las siglas PSOE.

A los valores hay que sumar la justicia. Quien infrinja la ley debe sufrir un castigo ejemplar. La impunidad es injusta y un mal ejemplo. La historia reciente nos muestra eso. Hasta tal punto es descarado, que los políticos, los “aforados”, se ha procurado unos jueces especiales nombrados por ellos mismos; y en reciprocidad, no se conoce, más que como anécdota, de un delito cometido por un juez, a pesar de que en España hay miles de jueces.

Ahorrar, asumir valores y una justicia firme. No hacen falta recortes. Pero ni el PP ni, por descontado el PSOE, están en condiciones de amputar el cáncer.

Creo que tenemos para rato. No necesariamente de crisis económica, sí de derrumbe social. Pero hay que aguantar y reforzar nuestra solidaridad, nuestra honradez en el trabajo, profundizar en nuestro sentido ético… es decir, procurar ser mejores cuanto más se hunda todo esto. Puede ser una gota en el océano, pero es confiar en un lema que ha funcionado en otro ámbito proceloso de la vida; “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”.