lunes, 26 de abril de 2010

La Iglesia en la lavandería

Antes que nada una previa, paciente lector. Circunstancias me impiden escribir en este blog, con la asiduidad que quisiera.

Sé que son importantes la regularidad y frecuencia para conservar a los lectores, pero como ya he observado aquí en un par de ocasiones, no escribo para hacer grumo. Por otra parte, salvo excepciones, mis escritos no son sobre temas de actualidad, por lo que su lectura no requiere una fecha. No puedo ser regular, por lo que si hay algún lector asiduo, encomio su paciencia. Fin de la previa.

Como a muchos, creyentes o no, me fastidia el ataque feroz e injusto que está sufriendo la Iglesia Católica. No es un ataque de la gente, del pueblo, sino un ataque de los poderes fácticos que, a través de los medios de comunicación, intentan movilizar a la población que, hasta la fecha, aguanta creo que con un cierto desconcierto, esa apisonadora mediática.

Hace unos años se intentó destruir a la Iglesia Católica con un asunto de fianzas. Se aprovechó una estafa sonada – he escrito aquí sobre ello – para estigmatizar a toda la Iglesia de ladrona y estafadora. A pesar de que los medios ocultaron la reacción de la Iglesia, que fue motu proprio indemnizar a los afectados – nadie indemniza a nadie si no hay sentencia judicial – hoy es tema superado porque la realidad se impone a la ficción; en la Iglesia puede haber estafadores, pero la Iglesia Católica, como institución, es ejemplo de caridad y desinterés. No es una opinión, es un frío dato.

El nuevo motivo de ataque a la Iglesia por parte de esos recalcitrantes poderes fácticos, es el sexo. No se pudo primero con el divorcio, ni luego con el preservativo, pero parece que la pederastia es una mina.

La pederastia es para mí una abyección. Y probablemente lo sea para Vd., lector. Pero parece no serlo para los poderes fácticos que la esgrimen contra la Iglesia, por lo menos en España. Ese debe ser un primer toque de atención sobre la demagogia que encierra ese nuevo ataque contra la Iglesia Católica.

No entraré en demasiados detalles sobre la filiación de los poderes fácticos. En España, desde el grupo socialista y desde el gobierno socialista, animan a la masturbación, a la búsqueda de experiencias sexuales de cualquier índole y al aborto, a adolescentes de doce años, (“…Se fija la edad de 16 años para tener "autonomía de decisión" [para abortar]. Entre los 12 y los 16 años se "oirá" al menor pero se exigirá el consentimiento de padres o tutores”. www.elpais.com, 12 de febrero de 2009; “Un niño de 9 años le dice a su madre: ‘un niño me dijo que es malo masturbarse’. La madre [el padre o el progenitor en las parejas homosexuales] le dice que eso no es verdad, que muchas personas se masturban sin hacerse daño ni hacer daño a nadie. Le cuenta que ella también se toca la vulva de vez en cuando y siente placer cuando lo hace.” La educación sexual de niñas y niños de 6 a 12 años, p. 76. Gobierno de España Ministerio de Educación; “El contacto físico, cuando es querido y aceptado, crea complicidad y facilita el camino para hablar sobre cosas íntimas. Frotar la espalda, sentar al niño o a la niña [a partir de los dos años] en nuestras rodillas, o cualquier otro tipo de acercamiento, puede facilitar que él o ella cuenten sus sensaciones y nos manifiesten sus dudas o curiosidades amorosas y sexuales.” La educación sexual de la primera infancia. Gobierno de España. Ministerio de Educación, p. 57; “A veces querrán compartir las sensaciones que esta práctica les produce. En ocasiones, cuando ya son un poco mayores, nombran esa sensación, diciendo, por ejemplo: “Mamá [papá, o lo que se tercie en las parejas de homosexuales], qué cosquillas me hago (en la vulva) y qué rico es”. Esto no es problemático y es signo de que confían en sus educadores o educadoras, y que sienten seguridad en su propio cuerpo." La educación sexual de la primera infancia. Gobierno de España. Ministerio de Educación, p 88). En Suiza, el gobierno ha decidido poner en circulación preservativos para niños de 12 años (www.elmundo.es, 4 de marzo de 2010). También hace años, se ocultó desde el gobierno socialista español, la cabeza del iceberg de un asunto de prostitución infantil que disfrutaban “personalidades” de la zahúrda de la “progresía” que el socialismo incrustó en la sociedad española.

Esta es la moral del acusador de pederastia a la Iglesia Católica.

Pero volvamos al asunto. La podredumbre del acusador no exime del pecado al acusado. Y en la Iglesia Católica hay pederastas, creo que proporcionalmente muchísimos menos que en la sociedad en general, y ridículamente menos que en el ambiente del socialismo “progre” acusador. Pero hay un matiz que el lenguaje deja muy claro; en la Iglesia hay pederastas, pero la moral de la Iglesia no es pederasta. La Iglesia no puede evitar que en su seno, individualidades desquiciadas, actúen en contra de todos los valores de la Institución y traicionen su cometido. Es un pecado personal, no un pecado de la Iglesia que, al contrario del poder terrenal que la ataca, ni insta a los adolescentes a la práctica irracional del sexo ni ve divertida y comprensiva, cómo sus miembros van de machitos a practicar pederastia homosexual a burdeles donde se explotan a menores.

Creo que el excesivo pudor de la Iglesia, le ha inducido al error de ocultar esos pecados y simplemente desterrar al pecador. A veces, ni eso, cuando el delito no trascendía a instancias superiores. Pero evidentemente, y a toro pasado, se manejó mal la solución del problema.

Pero los errores tienen solución, y Benedicto XVI ha sido claro; los miembros de la Iglesia, conocedores de semejantes situaciones, deben denunciarlas a la justicia civil. Y también la Iglesia será más estricta y rigurosa en la formación y elección de sus miembros. Y también, nuevamente, motu proprio, indemniza a las víctimas, sin necesidad de sentencia judicial, lo que supone un gesto atípico de nobleza, pues sin la culpa, asume la responsabilidad del pecado de algunos de sus miembros. ¿No es ese un gesto de coherencia con su Fundador, que murió en la cruz por purgar pecados que no había cometido?

Los poderes fácticos que atacan a la Iglesia, le están haciendo un favor. Sin saberlo y sin desearlo, están haciendo el papel del segador que aventa la siega para separar la paja del grano. Incluso más, porque la porquería que la Iglesia tenía incrustada, precisaba de una limpieza en seco, pues le detergente doméstico no había dado resultado.

Esa limpieza radical podría haber estropeado el tejido, pero para desgracia de “los malos” - por eso su odio hacia el personaje - Benedicto XVI ha evitado que la prenda se resienta; si la discreción y el distanciamiento discreto de los pederastas no dio resultado, ahora se hará público su pecado y se pondrán en manos de la justicia civil.

¿Y hay quien pretende que la Iglesia es oscurantista y que no se adapta a los tiempos? ¡Ca!

sábado, 3 de abril de 2010

SURREXIT DOMINUS VERE, ALLELUIA!

¿Realmente resucitó?

Decir que no, no tiene argumentos. Más que el contundente de que es científicamente imposible.

Decir que sí, tampoco tiene argumentos. Pero hay numerosos indicios históricos de que sí.

Pero la Historia es una Ciencia. Luego el único argumento de que no resucitó, no es rotundo.

Al fin, la afirmación o negación de que Jesús resucitó, es una cuestión de fe, con un poco más de peso, científico, la fe en el sí, que en el no.

viernes, 2 de abril de 2010

La mujer adúltera

Por las noches, ya en la cama, suelo leer un fragmento del Evangelio.

Se sea creyente o no, es una lectura apasionante, sobre todo si se intenta recrear en la imaginación la escena histórica que se está leyendo.

La otra noche, leí el pasaje de Juan 8, 1-11, donde el evangelista narra la actitud de Jesús ante lo que hoy llamaríamos una situación extrema, en la que está en juego la vida de una mujer adúltera.

Antes de entrar en el tema, debemos recordar que la mujer era en aquellos tiempos poco menos que un objeto.  Jesús predicó en contra de ello, pero su mensaje ha sido desoído por muchos hasta la actualidad.

Bien es cierto que en la ley mosaica judía quedaba un atisbo de respeto hacia la mujer pues, por ejemplo, el varón, para divorciarse, debía pasar por el trámite de redactar un libelo de repudio (aunque las mujeres no podían repudiar al marido).

Pero lo cierto es que la mujer no era nada y, en el caso de la escena que veremos a continuación, era reo de muerte por haber sido sorprendida en adulterio.

Según la Ley Mosaica (Lev 20, 10-11, Dt 22, 22), también el hombre que yaciera con ella debía ser ajusticiado, pero esta práctica no debía estar en uso pues a Jesús le traen a la mujer, no al hombre.

Quienes acusan a la mujer son un número indeterminado de escribas y fariseos. ¡Casi nada!; la quintaesencia de la sociedad judía de entonces, cancerberos de la pureza del pensamiento judío. Enemigos peligrosos para los herejes. 

El suceso acaece de la siguiente forma: "Jesús se marchó al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó otra vez en el templo, y todo el pueblo venía a él. Y habiéndose sentado, les enseñaba.

Traen los escribas y fariseos una mujer sorprendida en adulterio, y habiéndola puesto en medio, le dicen:

Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. En la ley, Moisés nos mandó que a semejantes mujeres las apedreáramos; tú, pues, ¿qué dices?

Esto decían tentándole, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose hacia el suelo, escribía con el dedo en la tierra. Mas como ellos persistiesen preguntándole, se irguió y les dijo:

Quien de vosotros esté sin pecado, sea el primero en apedrearla. E inclinándose de nuevo hacia abajo, escribía en la tierra.

Ellos, como esto oyeron, se iban retirando uno a uno, comenzando por los más viejos; y quedó solo Jesús, y la mujer de pie en medio. Alzando Jesús la cabeza, le dijo:

Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te condenó? Ella dijo:

Nadie, Señor. Dijo Jesús: Tampoco yo te condeno: anda, y desde ahora no peques más".

Jesús está en el templo, probablemente y como es habitual en sus prédicas en el patio de los gentiles, rodeado de gente que le escucha, y que este día serán testigos de lo que va a suceder.

Se acerca un grupo de personas, probablemente algo alborotadas, al lugar en el que Jesús está enseñando. El pueblo que le rodea y le está escuchando, advertido de lo que llega, se apresura sin duda a dejar sitio, pues la comitiva la encabezan escribas y fariseos, respetados y quizás temidos por muchos.

Pueblo y comitiva forman un corro, un vacío, al que los recién llegados empujan a una mujer que, dócil, se queda en pie y callada. Escribas y fariseos presentan a la mujer como adúltera y preguntan a Jesús si la han de matar o no.

El asunto es complejo. Si dice que sí, no es el Jesús que conocemos, ¿cómo puede el buen Jesús abogar por la lapidación de una infeliz?

Esta razón no se la planteaban entonces, pero el Evangelio es intemporal, y dos mil años después de aquel suceso, sí nos la planteamos, y nos rechinaría un Jesús abogando por la muerte de la adúltera.

Pero eso no es todo. Los escribas y fariseos le están planteando a Jesús una cuestión insidiosa (“Esto decían tentándole, para tener de qué acusarle”);

si Jesús dice que deben lapidar a la mujer adúltera, siendo coherente con le ley de Moisés, comete un delito grave del que puede ser acusado frente a los romanos, pues en ese momento histórico los judíos están bajo dominio romano, y la ley romana prohíbe a los judíos ajusticiar a nadie (Jn 18, 31).

Por otro lado, si Jesús dice que no ejecuten a la mujer adúltera, se le puede acusar de dar prioridad a la ley romana sobre la de Moisés y, además, de ser contradictorio con su predicación, pues decía venir a actualizar la ley de Moisés, no ha derogarla y además, insistía en la obligación de amar al prójimo.

El lector puede pensar en mil respuestas que Jesús podría haber dado a esta trampa, pero lo que ocurre es desconcertante, prueba de que el evangelista describe un hecho histórico.

La actitud de Jesús frente al problema y al pecado que le presentan, parece ser de evasión; se pone a escribir con el dedo en el suelo. No a garabatear, que no exige ninguna disposición intelectual, sino a escribir, aunque San Juan no nos dice qué escribía.

Antes de seguir, debo decir que me llamó la atención el hecho de que Jesús escribiera “con el dedo en la tierra”. El patio de los gentiles, donde sin duda Jesús estaría enseñando, estaba enlosado en el proyecto del templo.

Pero parece que está claro que Jesús escribe en la tierra, no en el polvo que pudiera haber sobre las losas. Quizás esta aparente contradicción esté resuelta por la vía semántica, como tantas otras, pero creo que no es necesario llegar a ella:

Las labores de reconstrucción y ampliación del Templo – que es el Segundo Templo, conocido como templo de Herodes duraron 82 años, para ser destruido por los romanos (tal como profetizó Jesús)  ocho años después de su finalización; concretamente, Jesús fue crucificado en el 33 d. C. y el templo se finalizó en el 62 d. C. ( para ser destruido en el 70 d. C.).

El patio de los gentiles rodeaba al templo y, a su vez, estaba circunvalado por murallas. Es decir, que fue lugar de tránsito y trasiego de los 10.000 obreros y sus pertrechos, que se estima participaron en las obras, durante casi un siglo.

Concluyo que es razonable suponer que el patio se enlosaría al finalizar los trabajos duros de reconstrucción y ampliación, mucho después de la muerte de Jesús, por lo que en este tiempo habría tierra en el suelo.

Jesús escribe, en la tierra, displicente. Esa es la idea que me he hecho de la lectura del texto evangélico. Quizás escribe en relación a la situación. Hoy, todavía no lo sabemos. Pero no está ausente, como pueda parecer, y da una respuesta que deja descolocados a escribas y fariseos, la élite religiosa de esa sociedad, personas quizás soberbias y duras de corazón en su mayoría, pero sin duda cultivadas;

En su respuesta Jesús no niega la Ley de Moisés, y acepta que la mujer sea lapidada, pero sólo por quien tiene autoridad para lapidarla; el que esté libre de pecado.

Todos los presentes saben, que esa condición sólo la reúne Dios. Jesús ordena sin autoritarismo, pero con tal autoridad, que no queda más opción que obedecerle: “Quien de vosotros esté sin pecado, sea el primero en apedrearla”.

Lo dice de forma pausada, incluso descuidada, mientras se entretiene escribiendo en la arena. Jesús no es socialmente nadie frente a escribas y fariseos, no es juez, pero su palabra es Ley para todos. 

Pone la piel de gallina pensar en la presencia que debía de tener aquel Hombre, que con una mera observación frena la intención de un grupo de personas de tanta autoridad y peso social. Porque no es un fariseo el que le interroga, sino varios escribas y fariseos - seguro que más de tres tal como lo escribe San Juan - por lo que podían darse soporte moral entre ellos y actuar con mayor fuerza.

A lo que se debe sumar la fuerza bruta de los guardias y de los que les acompañaran, incluidos los testigos del adulterio – dos como mínimo –, con lo que deberían formar una cuadrilla respetable.

Viene luego la reacción de los presentes: Los acusadores, “se iban retirando uno a uno, comenzando por los más viejos”.

Los más viejos son los primeros en reaccionar. San Juan testifica que la mayor sensatez está en los mayores, que aquí entienden su fracaso y dan ejemplo retirándose discretamente. Dada su prepotencia, veo en esa actitud de los escribas y fariseos, un signo de honradez.

Imaginemos por un momento que en lugar de escribas y fariseos, los acusadores son políticos y sindicalistas de la España de hoy... sin comentarios. No en vano el judío fue el Pueblo elegido y en España esos pretenden retirar los crucifijos de la vida pública.

El final de este encuentro, es lo más desconcertante y sublime del episodio; el diálogo entre Jesús y la adúltera. Es una escena de dulzura balsámica. La adúltera, que hace unos instantes iba a ser lapidada, está frente a un Hombre, que sin más argumento que su presencia, casi sin palabras y sin gestos, la ha librado de una muerte terrible.

La mujer no debe entender nada. Sólo dice, de pie en medio del pueblo que escuchaba a Jesús y sin un solo acusador, “nadie, Señor”, cuando Jesús le pregunta quien la acusa. La adúltera está sin palabras. Nada dice, salvo para responder escuetamente a Jesús.

Su desconcierto debe ser tal, que ni pide perdón por su pecado, ni da las gracias, ni se va, ni llora, ni se postra cuando pierde las fuerzas, que le ha dado la tensión emocional de verse muerta a pedradas.

Quizás no es ni adúltera y simplemente se ha prestado a aquella farsa. En este caso, le debe inundar la vergüenza y la culpa, sintiendo su alma desnuda ante aquel Hombre santo al que quería comprometer.

Pero Jesús, que sabe, la perdona. No es necesario que ella se lo pida con palabras. Su amor por aquella mujer pecadora, dócil e indefensa es tal, que la perdona sin que ella hable. También perdona a desesperados que le gritan pidiendo ser curados, y a poderosos que se manifiestan arrepentidos. Pero no es lo mismo. Este perdón es uno de los más dulces que recuerdo haberle oído a Jesús. El perdón infinito a una débil y desconcertada representación de la humanidad más olvidada.

San Juan ya nos dice que “esto decían tentándole, para tener de qué acusarle”. Jesús Hombre, sin duda, lo comprendió sólo con verlos venir. Pero eso no altera nada de lo comentado. Jesús está enseñando al pueblo, que sin duda en todo momento era ajeno a aquel enredo - si realmente lo fue - pues no podían imaginar a los respetados escribas y fariseos, mintiendo como bellacos.

Jesús utiliza la situación para enseñar - al que escucha inocente - que sólo Dios tiene autoridad para matar, y que el perdón es gratuito. 

Epílogo. Estas líneas las escribí la mañana del domingo 21 de marzo de 2010. Para mi sorpresa, la lectura del Evangelio de ese día fue el mismo sucedido que comento aquí. Esperé con interés la plática del cura, que tengo por hombre erudito y pedagógico, para ver cómo comentaba el texto. Entre otras cosas, comentó que “algunos” piensan que Jesús estaba escribiendo los pecados de los acusadores. No doy crédito a esa opinión.

Huelga el comentario. También comentó que el hecho de que los primeros en retirarse fueran los ancianos podía ser, según algunos, porque al tener más años eran los que más pecados tenían, y temían que Jesús, al que consideraban profeta y podía tener acceso a sus pensamientos, los denunciara en público, poniéndolos en evidencia.

No me parece esta una explicación adecuada, pues es absurdo relacionar la cantidad y calidad de los pecados con la cantidad de años y más, en personas piadosas como eran los escribas y fariseos, que se esmeraban en cumplir la Ley y en lo que no la cumplían, era porque estaban totalmente ofuscados. Tampoco consideraban a Jesús como profeta, pues de ser así no lo hubieran perseguido con desprecio primero y saña después; los que más, lo consideraban como rabbi o maestro, apelativos que se daba a los escribas.

Además, no me viene a la cabeza ningún momento en que Jesús utilizara la vil coacción como argumento; podía llamar sepulcros blanqueados a los fariseos, pero sin personalizar, y menos entrar en detalles y divulgar los pecados íntimos de su interlocutor. Sin precedentes, aquellos acusadores no debían tener miedo de esa represalia y menos, miedo en relación directa con su edad.

Creo que aquellos fariseos ancianos eran más sabios que los jóvenes, y esa sabiduría les hizo ver el valor de las palabras de Jesús y atisbar, aunque fuera un instante, que tenían delante a alguien que era más que un Maestro.

Posdata a miércoles, 26 de agosto de 2020.

Hacía días que no intervenía en el blog y buscando una entrada para enlazarla con la de hoy, he caído en esta. Me ha chocado lo pequeño de la letra y que no había puesto un punto y aparte en toda la entrada, con lo que quedaba un texto enormemente denso.

No sé querido lector si la habías abordado ya. Si es así te felicito. Gracias.

Pero he probado a esponjarlo más, sin alterar nada. Lo dejo así de prueba y de mantener la opinión, dentro de unos días empezaré a ensayar la maniobra en otras entradas que veo igual de densas.

No he podido con la letra, a pesar de utilizar el tamaño “grande” y verla efectivamente así en la maqueta, aunque luego en la edición aparece pequeña.

 

miércoles, 3 de marzo de 2010

Judíos, palestinos y el estado de Israel

Parece que a los niños de las escuelas públicas españolas, se les inculca el odio a los judíos; “Iros de Palestina, ese lugar no es el vuestro… Ir (sic) a algún lugar donde alguien esté dispuesto a aceptaros… ¿No te da pena matar a los bebés?”, es parte del texto que un alumno de una escuela valenciana, ha escrito a la embajada de Israel en Madrid. El gobierno socialista español, no ha hecho nada ante la protesta del embajador israelí.

La noticia es de Libertad Digital, y dice que el antisemitismo está extendido en los colegios públicos. Quizás exagera (el periódico es pro judío), pero es evidente que los judíos, como los estadounidenses, no son queridos por la progresía española. Sobre esto quiero hablar.

1. ¿Tienen derecho los judíos a Israel?

Primero, cabe preguntarse, en este contexto, ¿qué es “tener derecho”?

Si tener derecho se refiere a haberlo ganado de alguna forma, violenta o no, ahí están. Luego tienen derecho. Tras haber sido los judíos dueños de ese suelo casi dos milenios, los echaron. Y siglos después, volvieron pacíficamente comprando tierras y colonizando, hasta ser “empujados” por los poderes occidentales para que formaran el estado de Israel. Luego vino la ocupación de territorios palestinos que les declararon la guerra, y que la perdieron frente a los judíos.

En este sentido, los judíos tienen más derecho a Israel, que algunas de las naciones actuales a sus respectivos estados, nacidos con mayor y menos fundamentada violencia.

Por cierto, unos de los padres de los judíos como nación, fue un judío ¡socialista!

Si tener derecho es por permanencia en el lugar, los judíos son, por goleada, el pueblo que a lo largo de la historia más ha estado pisando el suelo del actual Israel. En este caso, también tienen derecho. Dos mil años hasta que los echaron, por levantiscos. Luego, la zona vio una constante procesión de conquistas y cambios de manos, hasta que volvieron los primeros inquilinos. No veo dónde está el argumento contra el Estado de Israel, si omitimos la visceralidad maliciosa o ignorante.

2. ¿Son más crueles los judíos que los palestinos?

Que nadie piense en cuestiones genéticas, porque son primos hermanos y, sobre todo, forman parte de un mismo género. En eso, empate a crueldad.

Pero los judíos gestionan un estado democrático de corte occidental y parece que eso es una garantía frente a los sistemas de gobierno del mundo árabe, ya saben, eso de cortar manos, azotar mujeres poco dóciles, lapidar adúlteras o derribar rascacielos ocupados por miles de civiles inocentes.

Parece que la cosa es evidente, para quien no esté alienado por prejuicios o servilismos.

Pero al principio he citado a los norteamericanos y no quiero dejar de contestar a otra pregunta:

3. ¿Son los norte americanos mala gente?

No conozco ningún colectivo importante que sea integralmente bueno o malo. Es más, no creo que exista. Sí conozco personas buenas y personas malas.

Los norte americanos son, en lo que conozco, algo prepotentes y chuletas. Además, nos ganaron indignamente en Cuba.

Pero la nación que han creado, los EE. UU., es la más libre del mundo, la más avanzada y, probablemente hoy, la más noble. Además, su idioma es el que todos quieren conocer. Algo tendrá de bueno esa gente, cuando son capaces de tal obra.

Se puede odiar a los EE. UU., pero como no hay base racional para ello, si no todo lo contrario, si se tiene ese sentimiento, es mejor no expresarlo en público para no quedar en evidencia como visceral o ignorante. O como las dos cosas.

No me caen bien los norteamericanos, pues tengo presente, a través de la prensa de la época, la prepotencia “USA” en la guerra de Cuba, y eso no es fácil de olvidar. Pero Walt Disney, John Wayne y la Coca Cola, han ayudado a ahogar mi antipatía hacia esa gente.

Tampoco me caen bien los judíos, por el trato que dieron a Jesús, por cierto, compatriota suyo. Pero su sentimiento de pueblo, su apego a la familia y su actitud hacia el conocimiento, me provocan sana envidia. Además, hay que estar muy entero para vivir en el ambiente de hostilidad en el que se encuentran.

Piense el lector cuales son sus razones personales frente a esos colectivos y vea si tiene verdadera razón o lo suyo es mero seguidismo.

lunes, 1 de marzo de 2010

Censura

Me preguntan a qué viene el comentario del otro día, sobre el Papa e internet.

Tal como lo publiqué, es una cosa que me vino a la cabeza, en las circunstancias que expliqué.

Pero tal como lo escribí días antes, tenía otra intención. Lo que el visitante del blog pudo leer, es un recorte del tercer artículo de una serie de tres, en el que hablaba de mi opinión sobre los católicos españoles.

Pero todo quedó en la notita que publiqué.

¿Por qué no publiqué los tres artículos? Porque me pareció que faltaban a la caridad.

¿Daba nombres de personas? No, aunque en determinados círculos quedaban en evidencia personas concretas que son referencia.

¿Carecían de argumentos en mis razonamientos? No.

¿Entonces?

No lo sé. No me sentí bien, ni aún cargado de razones y argumentos. A veces, creer tener la razón no es suficiente, por ejemplo, cuando se puede hacer daño a alguien, incluido uno mismo.

martes, 23 de febrero de 2010

A Dios por el instinto

Cuando chico, me impresionó la argumentación de la existencia de un creador del mundo, con el ejemplo de los espejos; por muchos espejos que coloquemos, debidamente orientados, no conseguiremos producir luz. Sólo la podremos transmitir si hay una luz primera que desencadene todo el proceso.

El argumento es sólido. Por mucho que nos alejemos en el tiempo, buscando el origen de la vida, y por mucha evolución a la que apelemos, siempre habrá una primera causa que posibilite todo lo demás. Esa primera causa es dios.

Algunos pretenden que la vida se formó por reacciones aleatorias entre elementos inorgánicos. Eso no ha podido ser demostrado, pero aunque lo fuera, esos elementos inorgánicos tendrían una causa anterior y esa, otra anterior. El origen de todas es dios.

Son razones tan rotundas, que explican el que no existan prácticamente ateos en la Historia del Pensamiento,… hasta los marxistas, una doctrina esta inconsistente intelectualmente, que en unos decenios ha demostrado, además, su nula validez práctica.

Después me encontré con las “cinco vías” de Santo Tomás de Aquino, para la demostración de la existencia de dios. Son tan apasionantes como rotundas. Filosofía perfectamente comprensible para el profano.

A una mente sana y libre, no le puede caber duda de que dios existe. ¿Hablamos del Dios cristiano? No necesariamente, hablamos de un dios, principio de todo. La existencia de dios, es racionalmente incontestable.

Quiero entrar ahora en otro terreno, en el irracional. Porque es evidente que a dios se puede llegar por la razón. Pero también se puede llegar por la no razón, por el instinto.

Los animales irracionales están dotados de una serie de instintos. El de la reproducción, el de supervivencia, que les lleva a alimentarse y huir de los peligros, el de proteger la prole, el de dejarse enseñar por sus progenitores...

Esos instintos están más perfeccionados en los animales superiores, pero siempre, en todos, les sirven para sobrevivir, nunca para perjudicarles. El instinto les permite crecer y reproducirse, cumplir la razón de su existencia. El instinto es bueno y cierto.

El hombre es un animal con una faceta racional, que no conocemos bien. Pero es fundamentalmente un animal, hasta tal punto, que hoy sabemos que compartimos el mapa genético, en una proporción desconcertante, no ya con los monos, ¡sino con los gusanos!

Como animales que somos, poseemos instintos y esos instintos nos permiten sobrevivir. También en el hombre el instinto es bueno, porque le preserva la vida.

Sin embargo, nuestra exclusiva faceta racional, nos ha dotado de un instinto que no tienen el resto de los animales, el instinto de la trascendencia.

El ser humano, desde el principio, ha tenido el “instinto” de que existe un ser supremo que ha creado el mundo y que rige la vida. Es una creencia más o menos elaborada, en función del nivel de desarrollo intelectual del pueblo protagonista, pero que tiene en común, en general, la existencia de un ser trascendente creador.

Es un instinto de nuestra faceta racional, que no poseen el resto de los animales irracionales, pero que debe compartir las características esenciales de cualquier instinto, puesto que somos esencialmente animales y vivimos en un mundo natual. Es decir, debe ser un instinto bueno y cierto.

Este instinto del animal racional hombre, nos dice que existe un dios trascendente y que su existencia es real, buena y beneficiosa, pues así son los instintos. Si cupiera duda, la Historia de la civilización muestra que eso es así, pues ese instinto ha manteniendo viva la racionalidad del hombre y le ha permitido desarrollarla en un espectacular y magnífico proceso de superación constante. Lo vemos en los milenios de historia del hombre.

Ahora bien. La racionalidad del hombre implica libertad de decidir. Tal es su fuerza, que esa libertad es capaz de anular los instintos, siempre para desastre de quien la ejerce en ese sentido. Un hombre es capaz de suicidarse, venciendo el fuerte instinto de conservación, y eso le lleva a la muerte, que trunca todas sus posibilidades. O de matar por placer, embruteciéndose como hombre e incapacitándose para adquirir plenitud como tal.

Es cierto que la mortificación y el sacrificio son también recortes del instinto, pero no tienen intención de cercenar la vida, sino de ejercitar la libertad para dominar el instinto. Por eso no tienen malas consecuencias, al contrario, si bien son practicas que deben ejercerlas personas muy formadas, capaces de controlar finamente el ejercicio de la libertad, o personas menos formadas, guiadas por aquellas.

Naturalmente, el ejercicio de esa libertad, también es capaz de anular el instinto de trascendencia, e ignorar la existencia de dios. Pero ello lleva, como ocurre con la anulación de los otros instintos, al desastre.

Un ejemplo de esto último, es el movimiento ateo más importante de la historia, que cité más arriba; el marxismo. Los gobiernos marxistas históricos, han producido el mayor genocidio de la historia de la humanidad. He hablado con detalle de cifras y circunstancias en otros lugares de este blog. Gobiernos como el actual socialista español, es el responsable del genocidio de no nacidos, sin precedentes históricos.

La asfixia del instinto de trascendencia genera una situación de inmoralidad (la mentira como herramienta del poder; el poder judicial como instrumento de represión para unos e impunidad para otros; la injusticia social; la entrega al vicio…), cómoda y a veces sugestiva a corto plazo, pero destructora de civilización a medio y largo plazo.

La naturaleza es determinante e inflexible. El instinto determina la supervivencia. En los protozoos, una pizca de instinto elemental les permite sobrevivir. En los mamíferos, una buena dosis de instinto irracional determina su supervivencia. En el hombre, ese mismo instinto de los irracionales, catalizado por su instinto de trascendencia, determina su supervivencia como hombre y su capacidad de serlo. Dios existe, porque también nos lo dice nuestro instinto.

lunes, 22 de febrero de 2010

El Papa, internet y algunos católicos españoles

Hoy, repasando la web de noticias “infocatólica” (escribo esto el lunes, 25 de enero de 2010), no he podido menos que esbozar una sonrisa al leer la siguiente: “El Papa anima a los sacerdotes a hacer uso de internet para anunciar a Cristo. Les pide que usan vídeos, blogs, webs, etc.”

¿Tiene eso algo de gracioso? Para mí, sí. Viene al caso del talante de muchos que se llaman católicos, pero no lo son más que en las formas, si se puede ser católico en las formas, y entre los que preside una absoluta estulticia. Me explico.

Hace un tiempo, un diario digital dirigido por un “católico fetén”, me pidió, a través de un tercero, que le enviara colaboraciones, naturalmente de gratis.

Así hice. Y me publicaban los artículos que les enviaba.

Me consta que entre sus escasísimos lectores, los había que apreciaban mis colaboraciones, mientras que otros (creo que los más “católicos fetén”) eran muy hostiles a ellas. La cosa se mantuvo equilibrada hasta que, en un determinado momento, los artículos que les enviaba empezaron a pasar censura previa, aunque al fin eran publicados. Me olí que habían ganado los, para mí, “malos”.

La censura previa se transformó en breve, en la publicación selectiva de lo que les enviaba, sin darme ninguna explicación (en realidad, jamás recibí una nota agradeciendo mi colaboración desinteresada, lo que no me extrañó, pues esa descortesía es normal en esos ambientes).

Dejé de remitirles artículos. Soporté la humillación de aquella primera censura previa, porque el objeto de mi trabajo es difundir una visión del mundo en la que, entre otras cosas, el orgullo es un valor negativo. Pero si no podía difundir la idea, el resto sobraba. No escribo para satisfacer mi orgullo, sino para ayudar a interpretar el mundo desde el sentido común.

A lo que iba; el artículo al que le costó más días pasar la censura (al margen de los que definitivamente no fueron publicados), fue uno en el que citaba el encuentro de Benedicto XVI con internet (con citas del propio Pontífice sacadas de un documento oficial de la Santa Sede, que citaba con todos detalle). En aquel momento el artículo resultó insólito, ya que muchos tenemos a internet como terreno peligroso, por lo que el director del periódico en cuestión, católico e indocumentado como tantos católicos españoles, debió pensar “este tío me quiere meter un gol”, y lo retuvo hasta que debió confirmar días después, en otras fuentes, que el tema era cierto. Y entonces decidió publicar el artículo, ya sin actualidad.

Al pobre director le hubiera sido suficiente ir a las fuentes que le citaba, para sacar la primicia de las declaraciones del Papa. Pero a esos malos católicos, que se satisfacen exclusivamente en las formas de la doctrina (“sepulcros blanqueados”), les produce erisipela la idea de documentarse.

Tras la ruptura seguí leyendo ese diario, para ayudar a aumentar el número de visitantes. Incluso comentaba algunos artículos, pues entre sus pocos lectores no había quien lo hiciera.

Pero en poco meses decayó a un nivel intelectual, periodístico y endogámico tal, que decidí ir a hacer caridad a otro lugar y lo despaché de “mis favoritos”, donde lo mantenía.

Por eso no he podido menos que esbozar una sonrisa, al leer que el Papa anima al uso de internet.

Por cierto, la fuente de la noticia con la que encabezo este artículo, es:

http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=5362