lunes, 5 de julio de 2010

Una ley que despenaliza el asesinato

Hoy se cumple la consumación del mandato socialista para deshumanizar España y convertir a sus ciudadanos en vasallos miserables. Hoy se despenaliza en España el aborto, que podrán practicar incluso las jovencitas, sin autorización de los padres.

He hablado en otros lugares sobre ello y no me importa repetirme reiterando mi juicio, aunque el tema está tan hablado que no quiero aburrir.

No hay duda científica de que el feto, desde su concepción, es una vida humana en su integridad. Destruir intencionadamente una vida humana es un asesinato, luego el aborto es un asesinato.

Cualquier ley del aborto es criminal. Ya lo era antes y lo es ahora, con mayores agravantes. No es una cuestión religiosa o doctrinal, es cuestión de sentido común. Y además es un crimen más abyecto por cobarde, al destruir una vida inocente e indefensa y más miserable, por realizarse en connivencia con la misma madre de la víctima. ¡Miserables!

Y es de gentes bien nacidas luchar contra el crimen.

Mientras en España no haya una mayoría de personas bien nacidas, tendrá las leyes que se merece, en las que el pederasta, el prevaricador, el criminal… disfrutan de penas leves mientras sus víctimas arrastran toda su vida la pena de la hija violada o del familiar asesinado. Con el regodeo de los políticos, de uno y otro color, que engordan con la sangre del pueblo español.

viernes, 2 de julio de 2010

Una sonrisa

Hace un par de domingos (escribo esto el día 1 de julio), me encontré en la misa dominical a una persona a la que visito periódicamente en su página web.

Nada tiene eso de novedad. Muchos acuden al compromiso semanal con ese Principio, que ni conocemos ni entendemos, pero tenemos cierto que existe.

También muchos tienen página web o conocen a quien la tiene. La página web a la que me refiero no es común por lo rico de su contenido, todo de calidad e interesante para creyentes o no creyentes, mientras tengan dos dedos de frente. Pero es sólo una página web.

Entonces, ¿a que viene el que escriba sobre ese encuentro tan poco original?

Porque lo interesante del encuentro no fue él, sino ella. Ella es su esposa, a la que saludé a distancia devolviéndole su sonrisa y su inclinación de cabeza. A una señora nunca se le debe saludar si ella no inicia el saludo. Eso lo enseñaban en las escuelas, cuando el materialismo aún no había destrozado las buenas formas, esas que tan grata hacen la convivencia, y que son gratis para pobres y para ricos.

A lo que iba. La señora, una ejemplar madre de familia numerosa, está afectada de dolencias severas y dolorosas, desde hace tiempo. Lo sé por terceros, pues la protagonista no habla de sus males, ni se queja. Sólo sonríe dulcemente cuando saluda a un conocido, y charla distendida, aparentemente ajena a sus dolencias.

Ella es la que me mantiene el recuerdo del encuentro de hace dos domingos. Porque arto de miserias del mundo, de penas, de crisis, de banalidades,.. aquella sonrisa sana, en un cuerpo enfermo, es un ejemplo de que a pesar de todo, las raíces de la fe milenaria, siguen hoy frescas y jóvenes.

miércoles, 2 de junio de 2010

El universo y Dios


Ayer empecé a leer un libro sobre Astronomía, que ha aparecido recientemente en las librerías. Se trata de “Los Cielos Proclaman Tu Gloria”. En su portada también reza el subtítulo “La Astronomía y El Vaticano” (Ed. Monte Carmelo. Burgos – España. 2010. ISBN: 978-84-8353-277-5. DL: BU-94-2010. Edición original “Let Stars Delight” Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2009).

El libro no tiene desperdicio, ni en su forma ni en su fondo. El formato es generoso, lo que permite ofrecer fotografías a buen tamaño, pero no es incómodo ni pesado para leerlo cómodamente sentado en un sillón. La maqueta distribuye textos, fotos y espacios blancos, de manera equilibrada, lo que hace su presencia agradable a la vista. Y, por fin, los textos son de lectura fácil, con alguna excepción, de gran calidad divulgativa y de extensión suficiente como para abordarlos en esos breves momentos que nos deja el día, entre una obligación y otra.

La obra está compuesta por varios artículos escritos por científicos de reconocida solvencia internacional, que tienen en común, además de poseer conocimientos en Astronomía y una capacidad didáctica notable, el ser todos religiosos que colaboran con el Observatorio Vaticano.

No sorprende, a los que nos hemos perdido por los entresijos de la Historia, ver que la ciencia astronómica no sólo ha sido desde antiguo un terreno donde han destacado hombres de fe cristiana, sino también que la Astronomía ha llegado hasta donde lo ha hecho, gracias precisamente a científicos que han vestido y visten los hábitos católicos. “Los Cielos Proclaman Tu Gloria” es una muestra de esa realidad, con la modestia propia de las cosas de la Iglesia.

No puedo dejar de resaltar un dato que durante la lectura, me hizo sonreír. En la página 103, comentando un gráfico de la página anterior, el P. Alessandro Omizzolo (sacerdote de la diócesis de Padua y especialista en cuásares, núcleos de galaxias activos y cúmulos de galaxias) nos dice; “…La materia bariónica ordinaria, la cual forma todas las cosas que conocemos y que nuestros instrumentos pueden medir, sólo constituye al parecer, el 4 por ciento de toda la masa del universo…”. ¿Por qué me hizo sonreír ese dato? Porque aceptándolo como bueno, pensé en la prepotencia de tantos “científicos” y “divulgadores”, que hablan de su especialidad como si poseyeran la verdad absoluta y las llaves del conocimiento… ¡cuando, en el mejor de los casos, sus conocimientos no llegan al 4 por ciento de lo que quieren explicar!

La síntesis del espíritu del libro, la define el P. José Gabriel Funes, s.j. Director del Observatorio Vaticano, en unas pocas y significativas palabras; “…Tenemos que hacer buena ciencia, y se nos tiene que ver haciéndola – el mundo tiene que ver que la Iglesia secunda nuestro trabajo por la ciencia. Este libro materializa la segunda parte de nuestra opinión.” (p. 10).

viernes, 21 de mayo de 2010

El mal menor

Hace ya tiempo (en este blog, tres artículos en febrero de 2008), con motivo de las últimas elecciones generales en España, defendía el voto al Partido Popular (PP), como alternativa al partido Socialista Obrero Español (PSOE). Aún no siendo afín a la moral y a la filosofía del PP, defendía su opción como “mal menor” frente al PSOE, concretamente por el asunto del aborto.

El PSOE derivaba hacia la sangrienta liberalización total del aborto, es más, a constituir ese crimen en un derecho. Frente a esto, el que suscribe alegaba que el PP se limitaba a mantener la ley del aborto que existía entonces, lo que aún siendo grave, no empeoraba la situación. Por ello el que suscribe defendía que era aceptable moralmente, aplicar la norma del “mal menor” y votar al PP. Efectivamente, hubiera sido mejor votar a un partido con alguna posibilidad de ganar, que prohibiese el aborto; pero eso, salvo un milagro, era inviable. No era inviable la alternativa del PP, sin necesidad del milagro.

Entonces publicaba esta opinión – la necesidad de votar según el criterio del “mal menor”, puro sentido común - en un diario muy católico, y desde ese diario se significó en contra de mi opinión, una colaboradora asidua, más católica que el propio diario, si cabe, y mujer encantadora a la que sigo leyendo.

La réplica a mis argumentos fue tenaz, con todo lo que eso conlleva. Tanto, que seguí dándole vueltas hasta que el otro día, en una lectura de la que paso a hablar, ratifiqué dos hechos contundentes; nadie – salvo el Espíritu Santo - tiene autoridad para dar “carnés” de nada (ni por supuesto carné de católico); y la Iglesia Católica no puede ir en contra del sentido común.

¿Por qué digo esto? Sigan y lean.

En la revista “ave María” número 762, de abril de 2010 (página 20), aparece la “Carta del Director de la Oficina de Información de la CEE [Conferencia Episcopal Española]”, Isidro Catela Marcos, al director del diario “El Mundo”, en respuesta al apoyo a la ley del aborto del autoconfesado católico, ministro socialista José Bono. La carta, entre otras cosas, dice: “…Por todo ello, los obispos han recordado que nadie que se atenga a los imperativos de la recta razón puede dar su apoyo a esta ley [ley del aborto]; los católicos, además, tampoco pueden hacerlo en virtud de la coherencia con la propia fe. En este caso, no es posible invocar Evangelium vitae [cita abajo], según la cual un católico sólo puede votar una ley abortista cuando se trate de una norma que restrinja la injusticia de la legislación vigente, supuesto siempre que no se puede hacer otra cosa y que conste públicamente que quien se ve obligado a actuar de esta forma es contrario a toda ley que no proteja adecuadamente el derecho inviolable a la vida de los que van a nacer…”.

En esta carta, los obispos españoles le dicen al socialista José Bono, Presidente del Congreso de los Diputados español, que se declara católico (hoy está la palestra por su increíble, no declarado e injustificado patrimonio inmobiliario), que como católico no puede votar esta ley, porque no alivia la situación vigente en España sobre el aborto, sino que la agrava muchísimo y porque aunque la aliviara, sería preciso que, además y como católico, se declarase públicamente opuesto al aborto, cosa que no ha hecho, muy al contrario, lo ha justificado.

Volvamos pues a la polémica sobre el “mal menor” a la que me refería al principio. Mi opción de votar al PP era conforme a la recta razón y, además, una opción católica, porque;

1. Sugería votar una opción política (el PP), que declaraba tener intención de no ampliar la ley del aborto, frente a otra opción política (el PSOE), que estaba decidida a ampliarlo sustancialmente.

2. Explicaba mi opción y la definía como un “mal menor”, dejando muy claro, diáfano, que personalmente era contrario a cualquier ley que atentara de cualquier forma contra la vida humana, entendiendo ésta desde el momento de la concepción.

3. No había una tercera opción política razonable que pudiera evitar ese crimen, salvo entrando en el ámbito del milagro, lo que para católicos o no católicos, es confiar en una solución cómoda y no comprometida y, por lo tanto, egoísta.

Hoy no defendería la misma postura, pues el PP ha derivado a posturas seguidistas del PSOE, también en el tema del aborto; en las comunidades de Madrid y Valencia, regidas por el PP, las jovencitas pueden abortar con un 20% de descuento, presentando el “carné joven”.

Escrito esto, quedo en paz por haber aconsejado, en su día, una opción moralmente aceptable, y quedo agradecido por tener claras las ideas.

No contradigas a la verdad,
pero avergüénzate en tu falta de instrucción

Eclo 4, 30

Cita del “Evangelium vitae”:
En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, « ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto ».
Un problema concreto de conciencia podría darse en los casos en que un voto parlamentario resultase determinante para favorecer una ley más restrictiva, es decir, dirigida a restringir el número de abortos autorizados, como alternativa a otra ley más permisiva ya en vigor o en fase de votación. No son raros semejantes casos. En efecto, se constata el dato de que mientras en algunas partes del mundo continúan las campañas para la introducción de leyes a favor del aborto, apoyadas no pocas veces por poderosos organismos internacionales, en otras Naciones —particularmente aquéllas que han tenido ya la experiencia amarga de tales legislaciones permisivas— van apareciendo señales de revisión. En el caso expuesto, cuando no sea posible evitar o abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública. En efecto, obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta; antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos
”.

Evangelium vitae a los Obispos, a los Sacerdotes y Diaconos, a los Religiosos y religiosas, a los Fieles laicos y a todas las Personas de Buena Voluntad sobre el Valor y el Caracter Inviolable de la Vida Humana. Ioannes Paulus PP. II. 1995.03.25”.

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae_sp.html

lunes, 26 de abril de 2010

La Iglesia en la lavandería

Antes que nada una previa, paciente lector. Circunstancias me impiden escribir en este blog, con la asiduidad que quisiera.

Sé que son importantes la regularidad y frecuencia para conservar a los lectores, pero como ya he observado aquí en un par de ocasiones, no escribo para hacer grumo. Por otra parte, salvo excepciones, mis escritos no son sobre temas de actualidad, por lo que su lectura no requiere una fecha. No puedo ser regular, por lo que si hay algún lector asiduo, encomio su paciencia. Fin de la previa.

Como a muchos, creyentes o no, me fastidia el ataque feroz e injusto que está sufriendo la Iglesia Católica. No es un ataque de la gente, del pueblo, sino un ataque de los poderes fácticos que, a través de los medios de comunicación, intentan movilizar a la población que, hasta la fecha, aguanta creo que con un cierto desconcierto, esa apisonadora mediática.

Hace unos años se intentó destruir a la Iglesia Católica con un asunto de fianzas. Se aprovechó una estafa sonada – he escrito aquí sobre ello – para estigmatizar a toda la Iglesia de ladrona y estafadora. A pesar de que los medios ocultaron la reacción de la Iglesia, que fue motu proprio indemnizar a los afectados – nadie indemniza a nadie si no hay sentencia judicial – hoy es tema superado porque la realidad se impone a la ficción; en la Iglesia puede haber estafadores, pero la Iglesia Católica, como institución, es ejemplo de caridad y desinterés. No es una opinión, es un frío dato.

El nuevo motivo de ataque a la Iglesia por parte de esos recalcitrantes poderes fácticos, es el sexo. No se pudo primero con el divorcio, ni luego con el preservativo, pero parece que la pederastia es una mina.

La pederastia es para mí una abyección. Y probablemente lo sea para Vd., lector. Pero parece no serlo para los poderes fácticos que la esgrimen contra la Iglesia, por lo menos en España. Ese debe ser un primer toque de atención sobre la demagogia que encierra ese nuevo ataque contra la Iglesia Católica.

No entraré en demasiados detalles sobre la filiación de los poderes fácticos. En España, desde el grupo socialista y desde el gobierno socialista, animan a la masturbación, a la búsqueda de experiencias sexuales de cualquier índole y al aborto, a adolescentes de doce años, (“…Se fija la edad de 16 años para tener "autonomía de decisión" [para abortar]. Entre los 12 y los 16 años se "oirá" al menor pero se exigirá el consentimiento de padres o tutores”. www.elpais.com, 12 de febrero de 2009; “Un niño de 9 años le dice a su madre: ‘un niño me dijo que es malo masturbarse’. La madre [el padre o el progenitor en las parejas homosexuales] le dice que eso no es verdad, que muchas personas se masturban sin hacerse daño ni hacer daño a nadie. Le cuenta que ella también se toca la vulva de vez en cuando y siente placer cuando lo hace.” La educación sexual de niñas y niños de 6 a 12 años, p. 76. Gobierno de España Ministerio de Educación; “El contacto físico, cuando es querido y aceptado, crea complicidad y facilita el camino para hablar sobre cosas íntimas. Frotar la espalda, sentar al niño o a la niña [a partir de los dos años] en nuestras rodillas, o cualquier otro tipo de acercamiento, puede facilitar que él o ella cuenten sus sensaciones y nos manifiesten sus dudas o curiosidades amorosas y sexuales.” La educación sexual de la primera infancia. Gobierno de España. Ministerio de Educación, p. 57; “A veces querrán compartir las sensaciones que esta práctica les produce. En ocasiones, cuando ya son un poco mayores, nombran esa sensación, diciendo, por ejemplo: “Mamá [papá, o lo que se tercie en las parejas de homosexuales], qué cosquillas me hago (en la vulva) y qué rico es”. Esto no es problemático y es signo de que confían en sus educadores o educadoras, y que sienten seguridad en su propio cuerpo." La educación sexual de la primera infancia. Gobierno de España. Ministerio de Educación, p 88). En Suiza, el gobierno ha decidido poner en circulación preservativos para niños de 12 años (www.elmundo.es, 4 de marzo de 2010). También hace años, se ocultó desde el gobierno socialista español, la cabeza del iceberg de un asunto de prostitución infantil que disfrutaban “personalidades” de la zahúrda de la “progresía” que el socialismo incrustó en la sociedad española.

Esta es la moral del acusador de pederastia a la Iglesia Católica.

Pero volvamos al asunto. La podredumbre del acusador no exime del pecado al acusado. Y en la Iglesia Católica hay pederastas, creo que proporcionalmente muchísimos menos que en la sociedad en general, y ridículamente menos que en el ambiente del socialismo “progre” acusador. Pero hay un matiz que el lenguaje deja muy claro; en la Iglesia hay pederastas, pero la moral de la Iglesia no es pederasta. La Iglesia no puede evitar que en su seno, individualidades desquiciadas, actúen en contra de todos los valores de la Institución y traicionen su cometido. Es un pecado personal, no un pecado de la Iglesia que, al contrario del poder terrenal que la ataca, ni insta a los adolescentes a la práctica irracional del sexo ni ve divertida y comprensiva, cómo sus miembros van de machitos a practicar pederastia homosexual a burdeles donde se explotan a menores.

Creo que el excesivo pudor de la Iglesia, le ha inducido al error de ocultar esos pecados y simplemente desterrar al pecador. A veces, ni eso, cuando el delito no trascendía a instancias superiores. Pero evidentemente, y a toro pasado, se manejó mal la solución del problema.

Pero los errores tienen solución, y Benedicto XVI ha sido claro; los miembros de la Iglesia, conocedores de semejantes situaciones, deben denunciarlas a la justicia civil. Y también la Iglesia será más estricta y rigurosa en la formación y elección de sus miembros. Y también, nuevamente, motu proprio, indemniza a las víctimas, sin necesidad de sentencia judicial, lo que supone un gesto atípico de nobleza, pues sin la culpa, asume la responsabilidad del pecado de algunos de sus miembros. ¿No es ese un gesto de coherencia con su Fundador, que murió en la cruz por purgar pecados que no había cometido?

Los poderes fácticos que atacan a la Iglesia, le están haciendo un favor. Sin saberlo y sin desearlo, están haciendo el papel del segador que aventa la siega para separar la paja del grano. Incluso más, porque la porquería que la Iglesia tenía incrustada, precisaba de una limpieza en seco, pues le detergente doméstico no había dado resultado.

Esa limpieza radical podría haber estropeado el tejido, pero para desgracia de “los malos” - por eso su odio hacia el personaje - Benedicto XVI ha evitado que la prenda se resienta; si la discreción y el distanciamiento discreto de los pederastas no dio resultado, ahora se hará público su pecado y se pondrán en manos de la justicia civil.

¿Y hay quien pretende que la Iglesia es oscurantista y que no se adapta a los tiempos? ¡Ca!

sábado, 3 de abril de 2010

SURREXIT DOMINUS VERE, ALLELUIA!

¿Realmente resucitó?

Decir que no, no tiene argumentos. Más que el contundente de que es científicamente imposible.

Decir que sí, tampoco tiene argumentos. Pero hay numerosos indicios históricos de que sí.

Pero la Historia es una Ciencia. Luego el único argumento de que no resucitó, no es rotundo.

Al fin, la afirmación o negación de que Jesús resucitó, es una cuestión de fe, con un poco más de peso, científico, la fe en el sí, que en el no.

viernes, 2 de abril de 2010

La mujer adúltera

Por las noches, ya en la cama, suelo leer un fragmento del Evangelio.

Se sea creyente o no, es una lectura apasionante, sobre todo si se intenta recrear en la imaginación la escena histórica que se está leyendo.

La otra noche, leí el pasaje de Juan 8, 1-11, donde el evangelista narra la actitud de Jesús ante lo que hoy llamaríamos una situación extrema, en la que está en juego la vida de una mujer adúltera.

Antes de entrar en el tema, debemos recordar que la mujer era en aquellos tiempos poco menos que un objeto.  Jesús predicó en contra de ello, pero su mensaje ha sido desoído por muchos hasta la actualidad.

Bien es cierto que en la ley mosaica judía quedaba un atisbo de respeto hacia la mujer pues, por ejemplo, el varón, para divorciarse, debía pasar por el trámite de redactar un libelo de repudio (aunque las mujeres no podían repudiar al marido).

Pero lo cierto es que la mujer no era nada y, en el caso de la escena que veremos a continuación, era reo de muerte por haber sido sorprendida en adulterio.

Según la Ley Mosaica (Lev 20, 10-11, Dt 22, 22), también el hombre que yaciera con ella debía ser ajusticiado, pero esta práctica no debía estar en uso pues a Jesús le traen a la mujer, no al hombre.

Quienes acusan a la mujer son un número indeterminado de escribas y fariseos. ¡Casi nada!; la quintaesencia de la sociedad judía de entonces, cancerberos de la pureza del pensamiento judío. Enemigos peligrosos para los herejes. 

El suceso acaece de la siguiente forma: "Jesús se marchó al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó otra vez en el templo, y todo el pueblo venía a él. Y habiéndose sentado, les enseñaba.

Traen los escribas y fariseos una mujer sorprendida en adulterio, y habiéndola puesto en medio, le dicen:

Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. En la ley, Moisés nos mandó que a semejantes mujeres las apedreáramos; tú, pues, ¿qué dices?

Esto decían tentándole, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose hacia el suelo, escribía con el dedo en la tierra. Mas como ellos persistiesen preguntándole, se irguió y les dijo:

Quien de vosotros esté sin pecado, sea el primero en apedrearla. E inclinándose de nuevo hacia abajo, escribía en la tierra.

Ellos, como esto oyeron, se iban retirando uno a uno, comenzando por los más viejos; y quedó solo Jesús, y la mujer de pie en medio. Alzando Jesús la cabeza, le dijo:

Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te condenó? Ella dijo:

Nadie, Señor. Dijo Jesús: Tampoco yo te condeno: anda, y desde ahora no peques más".

Jesús está en el templo, probablemente y como es habitual en sus prédicas en el patio de los gentiles, rodeado de gente que le escucha, y que este día serán testigos de lo que va a suceder.

Se acerca un grupo de personas, probablemente algo alborotadas, al lugar en el que Jesús está enseñando. El pueblo que le rodea y le está escuchando, advertido de lo que llega, se apresura sin duda a dejar sitio, pues la comitiva la encabezan escribas y fariseos, respetados y quizás temidos por muchos.

Pueblo y comitiva forman un corro, un vacío, al que los recién llegados empujan a una mujer que, dócil, se queda en pie y callada. Escribas y fariseos presentan a la mujer como adúltera y preguntan a Jesús si la han de matar o no.

El asunto es complejo. Si dice que sí, no es el Jesús que conocemos, ¿cómo puede el buen Jesús abogar por la lapidación de una infeliz?

Esta razón no se la planteaban entonces, pero el Evangelio es intemporal, y dos mil años después de aquel suceso, sí nos la planteamos, y nos rechinaría un Jesús abogando por la muerte de la adúltera.

Pero eso no es todo. Los escribas y fariseos le están planteando a Jesús una cuestión insidiosa (“Esto decían tentándole, para tener de qué acusarle”);

si Jesús dice que deben lapidar a la mujer adúltera, siendo coherente con le ley de Moisés, comete un delito grave del que puede ser acusado frente a los romanos, pues en ese momento histórico los judíos están bajo dominio romano, y la ley romana prohíbe a los judíos ajusticiar a nadie (Jn 18, 31).

Por otro lado, si Jesús dice que no ejecuten a la mujer adúltera, se le puede acusar de dar prioridad a la ley romana sobre la de Moisés y, además, de ser contradictorio con su predicación, pues decía venir a actualizar la ley de Moisés, no ha derogarla y además, insistía en la obligación de amar al prójimo.

El lector puede pensar en mil respuestas que Jesús podría haber dado a esta trampa, pero lo que ocurre es desconcertante, prueba de que el evangelista describe un hecho histórico.

La actitud de Jesús frente al problema y al pecado que le presentan, parece ser de evasión; se pone a escribir con el dedo en el suelo. No a garabatear, que no exige ninguna disposición intelectual, sino a escribir, aunque San Juan no nos dice qué escribía.

Antes de seguir, debo decir que me llamó la atención el hecho de que Jesús escribiera “con el dedo en la tierra”. El patio de los gentiles, donde sin duda Jesús estaría enseñando, estaba enlosado en el proyecto del templo.

Pero parece que está claro que Jesús escribe en la tierra, no en el polvo que pudiera haber sobre las losas. Quizás esta aparente contradicción esté resuelta por la vía semántica, como tantas otras, pero creo que no es necesario llegar a ella:

Las labores de reconstrucción y ampliación del Templo – que es el Segundo Templo, conocido como templo de Herodes duraron 82 años, para ser destruido por los romanos (tal como profetizó Jesús)  ocho años después de su finalización; concretamente, Jesús fue crucificado en el 33 d. C. y el templo se finalizó en el 62 d. C. ( para ser destruido en el 70 d. C.).

El patio de los gentiles rodeaba al templo y, a su vez, estaba circunvalado por murallas. Es decir, que fue lugar de tránsito y trasiego de los 10.000 obreros y sus pertrechos, que se estima participaron en las obras, durante casi un siglo.

Concluyo que es razonable suponer que el patio se enlosaría al finalizar los trabajos duros de reconstrucción y ampliación, mucho después de la muerte de Jesús, por lo que en este tiempo habría tierra en el suelo.

Jesús escribe, en la tierra, displicente. Esa es la idea que me he hecho de la lectura del texto evangélico. Quizás escribe en relación a la situación. Hoy, todavía no lo sabemos. Pero no está ausente, como pueda parecer, y da una respuesta que deja descolocados a escribas y fariseos, la élite religiosa de esa sociedad, personas quizás soberbias y duras de corazón en su mayoría, pero sin duda cultivadas;

En su respuesta Jesús no niega la Ley de Moisés, y acepta que la mujer sea lapidada, pero sólo por quien tiene autoridad para lapidarla; el que esté libre de pecado.

Todos los presentes saben, que esa condición sólo la reúne Dios. Jesús ordena sin autoritarismo, pero con tal autoridad, que no queda más opción que obedecerle: “Quien de vosotros esté sin pecado, sea el primero en apedrearla”.

Lo dice de forma pausada, incluso descuidada, mientras se entretiene escribiendo en la arena. Jesús no es socialmente nadie frente a escribas y fariseos, no es juez, pero su palabra es Ley para todos. 

Pone la piel de gallina pensar en la presencia que debía de tener aquel Hombre, que con una mera observación frena la intención de un grupo de personas de tanta autoridad y peso social. Porque no es un fariseo el que le interroga, sino varios escribas y fariseos - seguro que más de tres tal como lo escribe San Juan - por lo que podían darse soporte moral entre ellos y actuar con mayor fuerza.

A lo que se debe sumar la fuerza bruta de los guardias y de los que les acompañaran, incluidos los testigos del adulterio – dos como mínimo –, con lo que deberían formar una cuadrilla respetable.

Viene luego la reacción de los presentes: Los acusadores, “se iban retirando uno a uno, comenzando por los más viejos”.

Los más viejos son los primeros en reaccionar. San Juan testifica que la mayor sensatez está en los mayores, que aquí entienden su fracaso y dan ejemplo retirándose discretamente. Dada su prepotencia, veo en esa actitud de los escribas y fariseos, un signo de honradez.

Imaginemos por un momento que en lugar de escribas y fariseos, los acusadores son políticos y sindicalistas de la España de hoy... sin comentarios. No en vano el judío fue el Pueblo elegido y en España esos pretenden retirar los crucifijos de la vida pública.

El final de este encuentro, es lo más desconcertante y sublime del episodio; el diálogo entre Jesús y la adúltera. Es una escena de dulzura balsámica. La adúltera, que hace unos instantes iba a ser lapidada, está frente a un Hombre, que sin más argumento que su presencia, casi sin palabras y sin gestos, la ha librado de una muerte terrible.

La mujer no debe entender nada. Sólo dice, de pie en medio del pueblo que escuchaba a Jesús y sin un solo acusador, “nadie, Señor”, cuando Jesús le pregunta quien la acusa. La adúltera está sin palabras. Nada dice, salvo para responder escuetamente a Jesús.

Su desconcierto debe ser tal, que ni pide perdón por su pecado, ni da las gracias, ni se va, ni llora, ni se postra cuando pierde las fuerzas, que le ha dado la tensión emocional de verse muerta a pedradas.

Quizás no es ni adúltera y simplemente se ha prestado a aquella farsa. En este caso, le debe inundar la vergüenza y la culpa, sintiendo su alma desnuda ante aquel Hombre santo al que quería comprometer.

Pero Jesús, que sabe, la perdona. No es necesario que ella se lo pida con palabras. Su amor por aquella mujer pecadora, dócil e indefensa es tal, que la perdona sin que ella hable. También perdona a desesperados que le gritan pidiendo ser curados, y a poderosos que se manifiestan arrepentidos. Pero no es lo mismo. Este perdón es uno de los más dulces que recuerdo haberle oído a Jesús. El perdón infinito a una débil y desconcertada representación de la humanidad más olvidada.

San Juan ya nos dice que “esto decían tentándole, para tener de qué acusarle”. Jesús Hombre, sin duda, lo comprendió sólo con verlos venir. Pero eso no altera nada de lo comentado. Jesús está enseñando al pueblo, que sin duda en todo momento era ajeno a aquel enredo - si realmente lo fue - pues no podían imaginar a los respetados escribas y fariseos, mintiendo como bellacos.

Jesús utiliza la situación para enseñar - al que escucha inocente - que sólo Dios tiene autoridad para matar, y que el perdón es gratuito. 

Epílogo. Estas líneas las escribí la mañana del domingo 21 de marzo de 2010. Para mi sorpresa, la lectura del Evangelio de ese día fue el mismo sucedido que comento aquí. Esperé con interés la plática del cura, que tengo por hombre erudito y pedagógico, para ver cómo comentaba el texto. Entre otras cosas, comentó que “algunos” piensan que Jesús estaba escribiendo los pecados de los acusadores. No doy crédito a esa opinión.

Huelga el comentario. También comentó que el hecho de que los primeros en retirarse fueran los ancianos podía ser, según algunos, porque al tener más años eran los que más pecados tenían, y temían que Jesús, al que consideraban profeta y podía tener acceso a sus pensamientos, los denunciara en público, poniéndolos en evidencia.

No me parece esta una explicación adecuada, pues es absurdo relacionar la cantidad y calidad de los pecados con la cantidad de años y más, en personas piadosas como eran los escribas y fariseos, que se esmeraban en cumplir la Ley y en lo que no la cumplían, era porque estaban totalmente ofuscados. Tampoco consideraban a Jesús como profeta, pues de ser así no lo hubieran perseguido con desprecio primero y saña después; los que más, lo consideraban como rabbi o maestro, apelativos que se daba a los escribas.

Además, no me viene a la cabeza ningún momento en que Jesús utilizara la vil coacción como argumento; podía llamar sepulcros blanqueados a los fariseos, pero sin personalizar, y menos entrar en detalles y divulgar los pecados íntimos de su interlocutor. Sin precedentes, aquellos acusadores no debían tener miedo de esa represalia y menos, miedo en relación directa con su edad.

Creo que aquellos fariseos ancianos eran más sabios que los jóvenes, y esa sabiduría les hizo ver el valor de las palabras de Jesús y atisbar, aunque fuera un instante, que tenían delante a alguien que era más que un Maestro.

Posdata a miércoles, 26 de agosto de 2020.

Hacía días que no intervenía en el blog y buscando una entrada para enlazarla con la de hoy, he caído en esta. Me ha chocado lo pequeño de la letra y que no había puesto un punto y aparte en toda la entrada, con lo que quedaba un texto enormemente denso.

No sé querido lector si la habías abordado ya. Si es así te felicito. Gracias.

Pero he probado a esponjarlo más, sin alterar nada. Lo dejo así de prueba y de mantener la opinión, dentro de unos días empezaré a ensayar la maniobra en otras entradas que veo igual de densas.

No he podido con la letra, a pesar de utilizar el tamaño “grande” y verla efectivamente así en la maqueta, aunque luego en la edición aparece pequeña.