Que la Biblia es un libro religioso para cristianos
y judíos, es una reducción inexacta, extendida por ciertos teólogos que quieren
hacer suyo lo que es de todos.
La Biblia es un manual de autoayuda para todo aquel
ser humano que busca respuestas para encontrar la felicidad.
Pensarás; ya está aquí el palizas con su
cuento religioso.
Pues piensas mal. Sí soy un palizas, pero no
soy religioso.
Y además no me he leído la Biblia, así me va.
Bueno si la he leído, pero a trocitos desordenados.
Porque la Biblia es como el Quijote, pero a lo
bestia y para mayores de 18 años.
El Antiguo Testamento es para tomárselo con calma o
para leerlo asesorado.
Es como una interminable y divertida, a veces
apasionante, obra de Emilio Salgari.
El Nuevo Testamento es más digerible, pero hay
tantos entresijos, que en cuanto te descuidas te has dejado algo importante.
¿Y qué tiene que ver todo esto con la felicidad?
Pues mucho, porque en ella, la Biblia, encuentras lo
esencial para ser feliz.
Puedes creértelo o no, pero si cumples con el
requisito básico que te pide explícitamente la Biblia, seguro que alcanzas la
felicidad.
No hablo de conocer a Dios ni toda esa historia,
sino que hablo en términos estrictamente materiales:
La base de la felicidad es la pobreza.
Eso lo reitera la Biblia con una constancia
machacona y por si te va grande, lo encontrarás también en muchos escritos de
los filósofos griegos, los que eran filósofos de verdad, los filósofos fetén.
Ahora bien, ser pobre es un arte.
Y cómo llegar a conocer y ejercer ese arte, también
te lo explica la Biblia.
En resumen, si quieres ser feliz, sé pobre de
oficio,
No pobre amateur, aficionado;
has de ser un pobre profesional.
El problema de este discurso es, ¿cómo has de leer
la Biblia?
¿Has de ser autodidacta?
¿Has elegir guiarte por un profesional de la Biblia?
La primera opción puede llevarte al protestantismo,
donde hay miles de sectas, una por cada visionario.
Eso no es bueno porque no te lleva a ningún sitio.
La de elegir un guía que sea un profesional de la
Biblia, te lleva a que, en tu estudio sumaras a tus errores los de tu maestro.
Y acabarás con una empanada mental, donde no sabrás
si hay error, si el error es tuyo o si el error es del maestro.
¿Qué opción tomar?
Como decía el irrepetible Gracián, en el medio está
la virtud.
La opción, creo que está en leer bajo tu
entendimiento, asesorándote con prudencia, donde tengas dudas.
Busca al asesor siempre contrastando distintas
fuentes, que serán como mínimo dos.
Todo con mucha paciencia.
Me dirás; pues sí que es difícil ser feliz.
Bueno lo es hasta que la gimnasia te lleve a la
rutina en el ejercicio del pensamiento.
No hay más problema que el ser constante, que ya de
por sí es el gran problema.
Ser feliz es un problema de constancia.
Y la constancia es un gran problema para el hombre
moderno.
Por eso hay tan pocas personas felices, a pesar de
que la constancia es barata, accesible a todos y no está sujeta a impuestos.